
Carlos Dávila, estudiante de Teología del Seminario Diocesano de San Cristóbal, Venezuela, al ser consultado sobre esta adicción, señaló:
«Debe examinarse y preguntarse ¿qué cosas quitan más el tiempo y ocupan más el pensamiento deseando o intentando poseerlas? Ha de saber que eso pasó a ser lo más importante en su vida; y que, si es algo material, eso es algo pasajero; y, porque es pasajero, no le va a traer felicidad perdurable y verdadera. Al pasar el tiempo, cuando ese objeto material ya no se tenga, o se dañe, o ya no funcione, eso que proporcionaba felicidad, se le va a agotar o a perder y le sobrevendrá una frustración muy grande, hasta que nuevamente encuentre otra cosa material que también tendrá un período de tiempo limitado de vida.
Y luego, si se da cuenta de que ya parece un vicio el afán de tener bienes materiales, descubra que esos pensamientos llenos sólo de cosas materiales necesitan ser vaciados para que se llenen de lo que realmente es eterno y trae la felicidad plena; porque, en ese corazón invadido de apego por lo transitorio y gozos efímeros, es difícil que Dios pueda entrar para colmarle del gozo que colma todo el ser».
Según lo comentado por Carlos Dávila, Dios no puede entrar en un corazón que esté ocupado de materialismo; y no porque Él no tenga poder para hacerlo, sino porque respeta la libertad que le dio al ser humano de aceptar su amor o de negarlo, de recibirle o de rechazarlo.
Para compartir:
1.- ¿De qué manera hemos experimentado frustración al aferrarnos a bienes materiales que, eventualmente, se han vuelto temporales o insatisfactorios?
2.- ¿Cómo podemos vaciar nuestros pensamientos y corazones de apegos transitorios para permitir que Dios llene esos espacios con su amor y gozo?
Elaborada por:
P. Héctor Pernía, mfc