Ayuda Para Superar La Soberbia (Nuevo Testamento)
El Nuevo Testamento ofrece impactantes textos que ayudan a la conversión de las personas que quieren superar la soberbia, y fortalecen a quienes, no obstante su condición ventajosa ante otros, permanecen siendo humildes, sin gloriarse ni humillar al desposeído.
“Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado». (Mt 23, 12).
Con estas brevísimas palabras Jesús nos pone delante todo cuanto le espera a quien se enaltece y a quien se humilla ante los demás; el primero, sufrirá la humillación y, el segundo, recibirá el premio de la alabanza y la exaltación.
“Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que aquel; porque cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. (Lc 18, 14).
Aquí se compara la actitud del fariseo y el publicano. El primero se vanagloriaba de no ser pecador y de cumplir con todas las observancias religiosas judías; mientras que, el segundo, no se sentía digno ni de levantar la cara ante el Señor por la vergüenza y dolor que le causaba la conciencia de sus culpas por los pecados que había cometido. El que creía volver justificado a su casa no llegó y el que no se hallaba digno de tal justificación sí la obtuvo.
“No hagáis nada por rivalidad ni por vanagloria, antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”. (Flp 2, 3-4):
Este pasaje resalta la importancia de la humildad en las relaciones interpersonales. San Pablo obsequia una regla de oro fundamental para tener éxito en cuanta empresa y proyecto se emprenda; pero, cómo cuesta en la menudencia de los pequeños actos cotidianos, cumplirlo: ”estimar a los demás como superiores a él mismo”. Corresponde vencer y derribar el obstáculo que está de por medio: el egoísmo.
“Por la gracia que me es dada, digo a cada uno de vosotros que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura”. (Rm 12, 3). En otro lugar, San Pablo escribe: «Porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien el Señor alaba». (2 Co 10, 18)*. Un consejo muy semejante lo dice el libro de Proverbios: «Que te alabe el extraño y no tu propia boca; el ajeno, y no tus propios labios». (Pr 27, 2).
San Pablo exhorta a los fieles a tener una visión equilibrada de sí mismos, es decir a no alabarse. Importantes ejemplos de ello a imitar son la humildad de la Santísima Virgen María y del hijo pródigo, quien estando de vuelta en casa suplicó a su padre que le aceptara la confesión de su culpa y le concediera la oportunidad de ser, al menos, uno de sus jornaleros.
Para compartir:
1.- ¿Qué enseñanzas sobre la humildad se pueden extraer de las comparaciones que hace Jesús entre el fariseo y el publicano en Lc 18,14?
2.- ¿Cómo podemos aplicar la exhortación de San Pablo en Flp 2, 3-4 para estimar a los demás como superiores a nosotros mismos en nuestras interacciones diarias?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc