El Cuidado En La Tempestad
En medio de las adversidades que enfrenta Venezuela, es fundamental recordar que la verdadera ayuda va más allá de la asistencia material. Para superar la crisis, no basta con enviar alimentos o medicinas; es vital atender el desgaste emocional, la fatiga mental y el quiebre espiritual tanto de quienes sufren como de quienes ayudan. En la barca azotada por la tempestad *(Cf. Mc 4, 35-41)*, los discípulos experimentaron un pánico comprensible. La barca se inundaba y el maestro parecía dormir. Su clamor, «¿No te importa que perezcamos?», refleja el grito desgarrador de miles de venezolanos hoy ante la enfermedad, el desabastecimiento y la incertidumbre.
Nada es más difícil en medio de esta tragedia que consolar queriendo ser consolado, mientras se trata de diferenciar entre el mal moral y el mal natural. Sentir miedo, tristeza, rabia o agotamiento extremo ante la tragedia es una respuesta profundamente humana. Jesús no reprende a sus discípulos por asustarse del viento, sino por perder de vista quién está con ellos en la barca.
En tiempos de prueba y adversidad, el corazón de la comunidad debe latir con mayor fuerza, es así, que el cuidado en la tempestad nos invita a buscar la fortaleza y el consuelo en Dios. Nadie puede sostener a otros si primero no se deja sostener por Dios y por su comunidad.
Para compartir:
1.- ¿Cómo puedes ayudar a otros a reconocer y fortalecer su fe en momentos de sufrimiento?
2. ¿Cómo puedes experimentar y compartir la presencia de Dios en medio de las adversidades con quienes te rodean?
Elaborada por:
Franklin Terán, mfc.
Fuente
(1) Biblia de Jerusalén