Compartir Desde La Escasez
La sana doctrina nos enseña que el milagro de Dios raramente acontece en la opulencia; al contrario, se manifiesta en la entrega de lo poco que se tiene.
En el pasaje de la multiplicación de los panes y los peces *(Cf. Mt 14, 13-21)*, Jesús no hace descender comida del cielo de la nada. El milagro comienza cuando un joven pone a disposición del Señor sus cinco panes y dos peces, un recurso que bajo la lupa humana parece insuficiente para la magnitud del problema, pero que al ser puesto en las manos de Cristo y compartido en comunidad, el alimento abundó y sobró. De igual forma, la viuda de Sarepta *(Cf. 1R 17)* comparte su última porción de harina y aceite con el profeta Elías, y por ese acto de desprendimiento en plena sequía, la Providencia Divina nunca faltó en su hogar.
La crisis material pretende cerrarnos el corazón y hacernos acaparar por miedo al mañana. La solidaridad rompe esa maldición espiritual. Cuando la Iglesia y los ciudadanos comparten su tiempo, sus recursos o sus fuerzas en medio de la prueba, están profetizando que Dios sigue siendo el dueño de la historia y que la última palabra no la tiene la escasez, sino la Providencia. Cada gandola, cada camión de ayuda que sale es un acto de adoración litúrgica y una bofetada a la desesperanza.
Para compartir:
1.- ¿Has experimentado en tu vida la gracia de la Providencia en algún momento difícil?
2.- ¿Cómo has compartido tus recursos o tiempo en momentos de necesidad?
Elaborado por:
Franklin Terán, mfc.