No Busques Lo Oculto
Ten muy en cuenta lo que Dios te dice en Sir 3, 21-26:
«Porque grande es el poder del Señor, pero son los humildes quienes le glorifican. No pretendas lo que te sobrepasa, ni investigues lo que supera tus fuerzas. Atiende a lo que se te encomienda, que las cosas misteriosas no te hacen ninguna falta. No te preocupes por lo que supera a tus obras, porque ya te han enseñado más de lo que alcanza la inteligencia humana. Pues las especulaciones desviaron a muchos, y las falsas ilusiones extraviaron sus pensamientos. [Si no tienes pupilas, te faltará la luz; si estás desprovisto de ciencia, no hagas alarde (de ella).] Corazón obstinado mal acaba, y el que ama el peligro en él sucumbe».
En ese mismo libro, en otro lugar, se lee:
«Las esperanzas vanas y engañosas son propias del necio, los sueños dan alas a los insensatos.
Atrapar sombras y perseguir viento es fiarse de los sueños.
Espejo y sueño son cosas semejantes, frente a un rostro, la imagen de un rostro.
De lo impuro, ¿puede salir algo puro?; de la mentira, ¿puede salir algo verdadero?
Adivinaciones, augurios y sueños son vanas ilusiones, como fantasías de una mujer en parto.
A menos que vengan de parte del Altísimo, no abras tu corazón a estas cosas.
Porque muchos se extraviaron por los sueños, y fracasaron por fiarse de ellos» (Sir 34, 1-7).
En otros lugares de la Biblia se nos protege de toda asechanza del maligno mediante estas santas advertencias: «No practiquéis la adivinación ni la magia» (Lv 19, 26); «Velad para que nadie se vea privado de la gracia de Dios; para que ninguna raíz amarga retoñe ni os turbe y por ella llegue a corromperse la comunidad» (Hb 12, 15).
Haz distancia, por lo tanto, de quienes te alimentan e incitan la curiosidad a desarrollar tales prácticas; y, más, si éstos han sido personas que vienen de la Iglesia y ahora entregaron sus almas a espíritus de la oscuridad. Como dice san Pablo: «habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció: jactándose de sabios se volvieron necios» (Rm 1, 21-22).
Recuerda que has sido adquirido por Cristo a precio de sangre (cf. 1Co 6, 20). Él se sacrificó por ti en la cruz, para pagar Él por tus pecados y culpas, de modo que no sufrieras de muerte eterna sino que resucites con Él y tengas vida eterna. Debes guardar entonces fidelidad a Cristo. No puedes, a la vez, beber la copa de Dios y la de los demonios (cf. 1Co 10, 21-22).
Para compartir:
1.- ¿Has permitido que la curiosidad por lo oculto, los sueños, las adivinaciones o las prácticas esotéricas desvíen tu atención de lo que Dios ya te ha revelado para tu salvación? ¿Cómo sucedió? ¿Qué resultados te ha traído?
2.- ¿Reconoces que has sido comprado por Cristo a precio de sangre y que no puedes beber a la vez de la copa del Señor y de la de los demonios?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc