Reflexión Sobre Las Riñas
Continuando la enseñanza anterior, el padre Jorge Loring expone varias razones por las cuales siempre se deben evitar las riñas:
«Las riñas, los insultos, las injurias, etc., a veces, llegan a ser pecado si se desea en serio un mal grave a otro, si se falta gravemente a la caridad, y si son la exteriorización del odio. Cuando dos riñen, de ordinario cada uno tiene la mitad de la razón y la mitad de la culpa; pero cada cual mira la parte que él tiene de razón y la que el otro tiene de culpa. Por eso no se ponen de acuerdo.
Las riñas empiezan generalmente por pequeñeces, pero con el calor de la discusión se van desorbitando hasta terminar en enemistades profundas…, y, a veces, en crímenes. Lo mejor en las riñas es cortarlas desde el principio sin permitir que adquieran grandes proporciones. Y si uno se encuentra de mal humor, seguir el consejo de aquel inglés que contaba hasta diez antes de contestar.
Con calma y con sensatez se evitarían muchas riñas nacidas generalmente por pequeñeces. Si estás airado, calla. Aunque tengas tú la razón. Dirás más de lo que quisieras, y luego te pesará.
Nunca te arrepentirás de haber callado. En cambio, ¡cuántas veces quisieras poder sujetar las palabras que lanzaste a volar! Y esto ya no es posible. Una pequeña disputa puede destrozar una gran amistad.
Un diálogo sincero es difícil. Hay que aprender a dialogar. Hay que saber descubrir la parte de verdad que hay en el punto de vista del otro. Ponerse en equilibrio no es buscar el término medio, sino buscar la verdad completa, que puede surgir de lo que aporta cada parte.»
Para compartir:
1.- Dado que las riñas y disputas suelen comenzar por «pequeñeces» y pueden escalar rápidamente, ¿qué estrategias podemos usar en nuestras interacciones diarias para evitar que conflictos menores se conviertan en enemistades profundas?
2.- ¿Cómo podemos fomentar un diálogo sincero y constructivo que busque la verdad y la reconciliación?
Elaborada por:
P. Héctor Pernía, mfc