La Vida Sacramental Como Protección Espiritual
«La vida sacramental permite que el hijo de Dios esté en estado de gracia y un hijo de Dios en estado de gracia es intocable por el demonio, prácticamente en las dos acciones, tanto las ordinarias como las extraordinarias.
Un hijo de Dios en gracia es más fuerte para vencer al pecado. No será libre de tentaciones, porque las tendrá, pues hasta el mismo Señor las tuvo, pero es muy fuerte para vencer las tentaciones. Tiene el apoyo de la gracia. Lo mismo ocurre con las acciones extraordinarias. Son inexpugnables los hijos de Dios que están en estado de gracia. Prácticamente se pierde la intención de quienes quieran, vía maleficios, hacerle daño a una persona con esta forma preternatural.
Sin embargo, cuando una persona ya tiene la acción extraordinaria del demonio y ya es víctima de ella, la confesión y la comunión frecuente vienen a trabajar en el fortalecimiento del alma de la persona, en el fortalecimiento de la fe, la esperanza y la caridad. Se nota tremendamente la acción de la gracia, porque las personas que padecen esta situación, que a veces se convierte en una tarea de mucho tiempo – algunos hasta tres o cuatro años, o más – muestran cuán fuertes son, porque a pesar del ataque demoníaco, las personas no pierden la paz, la serenidad, no se angustian, no se deprimen. Más bien, valoran lo que les está pasando y agradecen a Dios que les haya ocurrido, porque les está transformando y ayudando a conocer a Dios de primera mano. Son testigos del poder de Dios, de cómo en ciertos momentos tienen un ataque duro en la cabeza y de pronto una oración lo desaparece. Así, las personas son protegidas del ataque demoníaco. Todos esos momentos en los que están bajo esos ataques se convierten en testimonios de Dios, tal como se dice en el Prefacio de Mártires: “Dios fortalece a lo débil para que sea testimonio de Él ante los demás”, porque dirán: “¡Caramba! Si esta persona puede mantenerse con paz y con mucho sentido, es porque Dios está ahí”.
En ese proceso espiritual para sanarse, ayudan mucho el ayuno y la penitencia. Prácticamente, entre la oración, el ayuno y la penitencia, la vida de gracia hace que el cuerpo de la persona víctima se vuelva una tortura para el demonio, porque, al estar en estado de gracia en estas condiciones, realmente es un tormento, ya que el demonio está constantemente en presencia de la santidad, y la santidad irrita al mal. Cuando esta aparece, el mal se va, tal como sucedió con Adán y Eva. Pecaron, y cuando apareció el Señor, que es Santo, se escondieron. Cuando el demonio está en un cuerpo cree que es suyo y, como es malo, la maldad lo hace estúpido. Por más que lo torturen, él se queda allí; pero realmente él sufre, y el cuerpo se vuelve una cárcel para el demonio. A veces suele gritar que lo saquen, pero la Providencia divina estima que todavía no. Porque, al final, esto hay que decirlo, Dios suele utilizar a los demonios para hacer una obra en las personas. Dice San Agustín, hablando de esta situación, que Dios no permitiría estas cosas si no fuera para sacar provecho de ellas. Es decir: si Dios permite el mal es porque tiene el poder para hacer de ese mal una fuente de bienes.»
Para compartir:
1.- ¿Cómo influye la vida sacramental en la protección espiritual del creyente y en su capacidad para enfrentar ataques demoníacos?
2.- Según el texto, ¿cuál es el papel de la oración, el ayuno y la penitencia en el proceso de sanación espiritual, y cómo se relacionan con la autoridad de Dios en medio del sufrimiento?
Elaborada por:
P. Domingo Pernía, exorcista.