Oración De Liberación vs. Exorcismo
Aclara el padre Domingo Pernía (1) la siguiente diferencia:
«La oración de liberación puede ser realizada por cualquier cristiano o sacerdote y consiste en pedirle a Dios que libere a un hermano de un ataque demoníaco. Pedirle a Dios, ¡nada más! Los exorcismos, en cambio, son liberaciones donde se solicita a Dios que libere, pero también se le ordena al demonio que se marche.
Los exorcismos no pueden ser realizados por cualquiera; es el obispo quien los lleva a cabo, pero este tiende a delegar a un sacerdote para que sea él quien se encargue de atender estos casos. Los exorcismos pueden ser de modo privado y público. El término «privado» no significa a escondidas o a puerta cerrada, sino que es realizado por una persona —en este caso, siempre un sacerdote— con una práctica personal que tiene su eficacia en la santidad de esa persona y en su coherencia. Es la oración que realiza alguien con su método personal para ayudar a una persona. En cambio, «público» no quiere decir que se realiza delante de muchas personas, sino que se lleva a cabo con la autoridad de la Iglesia. Estos son los exorcismos clásicos, donde hay un sacerdote exorcista que los realiza a través de un ritual».
La autorización para administrar el exorcismo está reservada al obispo; así lo establece la normativa de la Iglesia en el Catecismo y en el Código de Derecho Canónico:
El Catecismo (2), en primer lugar, reconoce como parte de la fe cristiana la existencia de los seres espirituales, el «maligno» y los demonios (cf. n. 391). En el n. 1673 especifica de manera muy categórica el modo de administrar el exorcismo:
«Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (cf. Mc 1, 25s; etc.), de él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf. Mc 3, 15; 6, 7.13; 16, 17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberarse del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica. Por tanto, es importante asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del Maligno y no de una enfermedad (cf. CDC, can. 1172)».
El Código de Derecho Canónico (3) determina firmemente que «no puede nadie realizar legítimamente exorcismos sobre los posesos, a no ser que haya obtenido licencia peculiar e expresa del Ordinario del lugar» (can. 1172), aclarando que dicha licencia solo debe ser concedida por el obispo a un presbítero que sea piadoso, docto, prudente y con integridad de vida.
Para compartir:
1.- ¿Cuáles son las diferencias clave entre la oración de liberación y el exorcismo en términos de quién puede realizarlos y cuál es su propósito específico según la enseñanza de la Iglesia?
2.- Según el Catecismo y el Código de Derecho Canónico, ¿cuáles son las condiciones necesarias para la realización de un exorcismo y qué importancia tiene la autorización del obispo en este proceso?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuentes:
(1) Pernía, Domingo (2025). «Diferencia entre sufrimiento psicológico, espiritual y sobrenatural». Entrevista; Diócesis de San Cristóbal, Venezuela.
(2) Catecismo de la Iglesia Católica. (1997). Catecismo de la Iglesia Católica. Librería Editora Vaticana.
(3) Código de Derecho Canónico. (1983). Código de Derecho Canónico. Librería Editora Vaticana.
