
Lo que vas a leer es el Canon 24, del Concilio de Cartago en el año 419 al norte de África, en el cual se pide formalmente, mediante una carta al Papa San Bonifacio, que declare y apruebe la lista definitiva de los libros inspirados por Dios, confirmando el mismo Canon aprobado en el Concilio de Roma (año 382), del cual nació la primera Biblia: La Vulgata, escrita por San Jerónimo:
De este trascendental hito histórico deriva que hoy, y para la posteridad, los cristianos reconocemos como Palabra de Dios los libros que componen tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento.
Canon 24, Concilio de Cartago, año 419:
«Que fuera de las Escrituras canónicas, nada se lea en la Iglesia bajo el nombre de Escrituras divinas.
Que no se lea en la iglesia nada más que la Escritura canónica. Artículo, que además de las Escrituras canónicas nada se lea en la iglesia bajo el nombre de Escritura divina. Pero las Escrituras canónicas son las siguientes:
Las Escrituras Canónicas son las siguientes: cinco libros de Moisés, a saber: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio; Jesús Navé [= Josué], uno de los Jueces, cuatro libros de los Reinos [= Samuel I, II y Reyes I, II], juntamente con Rut, dieciséis libros de los Profetas [mayores y menores, incluyendo Baruc y Lamentaciones, que iban con Jeremías], cinco libros de Salomón [Proverbios, Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, Sabiduría y Eclesiástico], el Salterio [= Salmos de David]. Igualmente, de las historias: un libro de Job, un libro de Tobías, uno de Ester, uno de Judit, dos de los Macabeos, dos de Esdras [= Esdras y Nehemías], dos libros de los Paralipómenos [= Crónicas I y II].
Que esto se envíe a nuestro hermano y compañero obispo, Bonifacio, y a los demás obispos de aquellas partes, para que puedan confirmar este canon, porque estas son las cosas que hemos recibido de nuestros padres para ser leídas en la iglesia».
Estas imborrables huellas de la historia del canon bíblico arrojan una conclusión contundente e irrefutable: nadie puede separar “Biblia” e “Iglesia Católica”. Es impensable la Biblia sin la existencia y la participación directa de esta Iglesia en todo el proceso de recopilación, selección y aprobación del canon completo de los libros inspirados por Dios.
Lección espiritual:
Así como es imposible separar la Biblia de la Iglesia Católica, así también es imposible y contradictorio que una persona crea haberse separado de esta Iglesia mientras continúe usando la Biblia y creyendo que en ella está la Palabra de Dios
La historia demuestra que la Biblia y la Iglesia Católica forman una unidad indisoluble; la primera no existiría sin la autoridad y selección de la segunda.
Para compartir:
1.- ¿Cuál es la importancia del Canon 24 del Concilio de Cartago en relación a la aprobación de los libros inspirados por Dios?
2.- ¿Por qué es fundamental reconocer la unidad entre la Biblia y la Iglesia Católica en el proceso de recopilación y aprobación del canon bíblico?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc