No Apagues Tu Fervor En Tus Deberes
En nuestro modo de hacer las cosas reflejamos el amor que sentimos y le damos a Dios y al prójimo. Si a un buen servidor en la iglesia que barre el piso del templo alguien le preguntara: “¿Para quién barres?”, probablemente dirá: “¡Para Dios!”.
Un buen cristiano dedica a Dios toda obra que está destinada al servicio de los demás. Por amor a Dios hace el bien a los demás; y muestra en su amor a los demás el amor que tiene por Dios. ¿Cómo lo hace? ¿Cómo se nota? En el fervor y el esmero con que hace sus tareas, por muy humildes y rutinarias que sean. En caso contrario, la dejadez en los oficios denota el desprecio y la indiferencia hacia los demás, e incluso hacia Dios.
El café de Doña Purita (1)
«Doña Purita era la encargada de preparar el café para la asamblea parroquial, pero lo hacía con una desgana legendaria. Ponía el agua tibia, apenas dos granos de café y servía una “bebida” que parecía agua de calcetín. “Total, para pecadores, esto es mucho”, decía entre bostezos.
Un día, el obispo visitó la parroquia. Purita, fiel a su desidia, le sirvió aquel brebaje descolorido. El obispo, tras el primer sorbo, puso una cara como si hubiera mordido un limón amargo.
—Dígame, hija —preguntó el obispo con amabilidad—, ¿este café es para el Señor o es una penitencia para nosotros?
Purita se puso roja como un tomate. El obispo sonrió y le dijo:
—Romanos 12, 11 dice que seamos fervientes en espíritu. Si le servimos al Rey, ¡el café debe saber a cielo, no a pantano! El entusiasmo es la sal de la fe.
Desde entonces, Purita le pone tanto “fuego” y alegría a la cafetera que la gente hace fila desde tres cuadras. Entendió que hasta un café, hecho con fervor, es una oración que llega al trono de Dios».
Así como Purita recuperó su entusiasmo y cariño preparando el café en su parroquia, cada uno debe despertar de la dormida monotonía y frialdad con que atendemos cualquier oficio.
Hacer las cosas con la mejor calidad posible para los demás es la mejor manera de ayudarse a sí mismo a encontrar puertas abiertas para cuando económicamente sintamos que se pone muy difícil la situación, o cuando perdemos un empleo y necesitamos con urgencia encontrar otro. El bien o el mal hecho a los demás, con el tiempo se termina devolviendo a quien lo hace. Como dice en *Ga 6, 7:* “No se engañen, nadie se burla de Dios: al final cada uno cosechará lo que ha sembrado”.
Para compartir:
1.- Al realizar mis tareas en el hogar, la comunidad o el trabajo, ¿tiendo a hacerlas con desidia cada cosa que hago, o trato de que mi esfuerzo sea algo que deleite a Dios y a los demás?
2.- Inspirados en la historia de Purita, ¿qué pequeña tarea de mi rutina diaria voy a transformar a partir de mañana en un “café de excelencia” para el Señor?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, MFC
Fuente:
(1) Gemini IA. (2026). El café de Doña Purita: El fervor como antídoto a la desidia [Modelo de lenguaje de inteligencia artificial]. Google AI. https://gemini.google.com/