¿Tienes Temor De DIOS?
A una persona común le cuesta entender qué significa el temor de Dios, porque le aplica a lo espiritual su modo terrenal de pensar y sentir. No se trata de un miedo paralizante, como el que se le tiene a un tirano o a una fiera salvaje.
Decía San Juan Crisóstomo:
«No debemos temer a Dios como se teme a una fiera o a un tirano, sino como un hijo respeta y teme a un padre amoroso. El hijo no teme que el padre lo azote, sino que teme afligir el corazón del padre y verse privado de su presencia. Este es el santo temor que conserva el amor y edifica la casa del alma sobre roca firme». (1)
El temor de Dios es algo muy diferente. Es amar a Dios de tal manera que se evita cualquier acto o pensamiento que pueda mancillar ese amor. Es un freno interior que detiene y aleja a la persona del mal, y que mueve e inclina su corazón hacia lo que la une más plenamente a Dios. Quien ama verdaderamente a Dios desarrolla la prudencia y sabe distinguir, por la guía del Espíritu Santo, lo que debe aceptar y lo que debe rechazar.
Dice el libro del Sirácida: «En el temor del Señor no existe mengua, con él no hay ya por qué buscar ayuda. El temor del Señor es como un paraíso de bendición, protege más que toda gloria» (Sir 40, 26b-27).
Al hombre de este mundo le resulta misterioso e incomprensible e incluso una falacia y un engaño que la paz, el gozo verdadero y la protección perdurable solo los encuentren y vivan quienes tienen temor de Dios. Para ellos, ese concepto se reduce al miedo hacia alguien que les puede hacer daño o hacia alguien que es malo. Sin embargo, tal como lo da a entender el texto bíblico, ese temor hace brillar al hombre más que toda gloria terrenal y le otorga más bendición y seguridad que cualquier protección humana.
Una persona con temor de Dios comete menos errores en la vida que quien lo ha perdido. En el temor de Dios hay respeto y una relación amorosa hacia Él y hacia los demás; es donde la mirada muestra el brillo del cariño hacia la muerte en los ojos y no el opaco recelo de la desconfianza.
«Pensar en Dios con respeto es como cuando cuidas un teléfono nuevo que te regalaron con mucho cariño. No lo cuidas porque le tengas miedo al teléfono o a quien te lo dio, sino porque lo valoras tanto que no quieres que se caiga, se raye ni se rompa. Así es cuidar tu alma: no es vivir asustado, es cuidar con amor el regalo más valioso que tienes para no echarlo a perder». (2)
Lo mejor que podemos darnos como personas es el temor de Dios, porque nos encamina hacia la muerte con esperanza, serenos y felices, y no con miedo o angustia. Este temor educa, previene y aparta del pecado, mientras disminuye al máximo los tropiezos, las quejas y las cuentas pendientes con los demás generados al perder la conciencia misma del pecado, de lo que nos beneficia o de lo que nos perjudica.
Para compartir:
1.- ¿Qué diferencia existe entre el miedo que paraliza y el «santo temor de Dios» que nace del amor?
2.- ¿De qué manera el temor de Dios actúa como un «freno interior» en nuestras decisiones diarias?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) Juan Crisóstomo. (2007). Homilías sobre la Primera Carta a los Corintios (J. A. López, Trad.; Homilía 23, n. 4). Editorial Ciudad Nueva. (Obra original publicada c. 392).
(2) Google (2026). Gemini (Versión de 21 de septiembre) [Modelo de lenguaje grande]. https://gemini.google.com