Silencios Cómplices
Serie: “La Falsa Paz”
Hay silencios que destruyen
Uno de los engaños más astutos del enemigo en la convivencia humana es hacernos creer que la prudencia consiste en callar frente a lo indebido. Cuando vemos que en nuestro hogar, trabajo o comunidad religiosa se cometen irregularidades, se difama a un hermano o se imponen conductas desviadas, la tentación inmediata es decirnos: «Mejor no me meto», «No es mi problema» o «Prefiero no buscarme enemigos».
Se debe advertir con severidad: ese silencio por comodidad no es virtud; es cobardía y nos convierte en cómplices directos del desastre que sobrevendrá.
Guardar un silencio cómplice para mantener una falsa paz es colaborar activamente con la injusticia y el dolor de los más débiles. Dios nos pedirá cuentas estrictas del mal que pudimos evitar y no evitamos por miedo a perder la simpatía de los demás.
En la Sagrada Escritura, el Señor habla con extrema claridad al profeta Ezequiel: «Si yo digo al malvado: «Vas a morir», y tú no le adviertes […] el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre» (Ez 3, 18).
La Tradición de la Iglesia ha sido categórica al señalar la grave responsabilidad de los líderes y miembros de una comunidad que prefieren el silencio cómodo antes que la defensa de la verdad. San Gregorio Magno alecciona con dureza pastoral a quienes callan por miedo:
«Un pastor reflexivo teme decir lo que debe decir por miedo a perder el favor de los hombres […] Tales pastores son como perros mudos que no pueden ladrar, porque no se levantan en defensa de la grey frente a los ataques del enemigo» (1).
Romper la falsa paz exige hablar con valentía, oportunidad y caridad. La corrección fraterna es un mandato evangélico (cf. Mt 18, 15) que busca sanar, no destruir. Cuando denunciamos el mal a tiempo y con el corazón limpio, le cerramos las puertas a la ruina y abrimos paso a la bendición de Dios.
Para compartir:
1.- ¿Qué diferencia existe entre un silencio prudente y un silencio cómplice que destruye la convivencia?
2.- ¿De qué manera podemos realizar la corrección fraterna con valentía pero al mismo tiempo con respeto y amor?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) Gregorio Magno. (2014). Regla Pastoral (Libro II, cap. 4: PL 77, 30-31; C. Ruiz, Trad.; pp. 112-115). Editorial Ciudad Nueva. (Obra original escrita c. 590).