
Es quizás la mayor de las enfermedades que afecta a esta generación actual, especialmente a quienes gozan de bienestar material y a quienes tienen un salvavidas para sobrevivir a la crisis económica o a los abandonos que ha sufrido. Se tropieza y se sufre de esta idolatría cuando quedamos atrapados por las bendiciones que hemos recibido; nos quedamos en ellas ignorando al Autor de tales bendiciones. Dejamos que sus atractivos deslumbren nuestros apegos y carencias de tal modo, que a través de ellas no alcanzamos a ver a Dios que nos las dio.
Si Dios, Médico, le hiciese un diagnóstico y le diese un nombre a la enfermedad que tiene ese paciente, pondría por escrito en algún lugar: *Tiene idolatría.* Esa es la enfermedad que padece. Esta enfermedad espiritual es como una niebla silenciosa que se mete en el pecho; no hace ruido, pero nos va apagando el corazón. Es el peligro de preferir el envoltorio antes que el regalo, la criatura antes que el Creador. Como hay mucha gente que no conoce a Dios, vive contenta, complacida y satisfecha con las bendiciones, sin conocer al médico y quedándose en la medicina.
Podemos fijarnos en el siervo Job, cómo no permitió que los muchos bienes que poseía le apartaran de Dios su corazón; o cómo la pérdida total de estos bienes, tampoco dejó que le ocasionaran ruptura alguna en su confianza en Dios.
Dijo san Juan Crisóstomo:
«El diablo no despojó a Job de sus riquezas simplemente para hacerlo pobre, sino para hacerle caer en la blasfemia; ni le privó de sus hijos para dejarlo sin descendencia, sino para arrastrarlo a la desesperación y obligarle a proferir alguna palabra impía contra el Creador». (1)
Enseñanza que nos deja
La capacidad de la que está hecho un ser humano no se muestra de modo real y verdadero en la abundancia sino en la escasez, no se le va tanto en sus éxitos, sino en cómo se levanta y sale adelante a pesar de sus fracasos. Ante las pruebas de la vida, un apego desmedido es un obstáculo con el cual la persona choca y cae: emocionalmente se derrumba.
Así es la idolatría: primero complace y hace feliz a la persona; luego, la derrumba.
Para compartir:
1.- ¿Cuáles son esas «bendiciones» o seguridades cotidianas que corren más riesgo de convertirse en un «envoltorio» que nos distrae de Dios?
2.- Tomando el ejemplo de Job, ¿cómo podemos entrenar nuestro corazón para que nuestra confianza en Dios no dependa de si estamos en abundancia o en escasez?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) San Juan Crisóstomo, Homilías sobre la paciencia de Job.