«El Muro De La Indiferencia»
El mandamiento de Cristo de amar al prójimo como a sí mismo debemos cumplirlo hoy; «luego» o «para después» puede ser demasiado tarde.
La siguiente historia de Don Justo nos llama a combatir la desidia espiritual, y a ocuparnos en tener siempre nuestra alma en la gracia de Dios; porque, para morir, solo se necesita estar vivos.
«El reloj de Don Justo y sus vecinos» (1)
«Don Justo era un hombre de fe, pero de una «fe aislada». Siempre decía que se reconciliaría con sus hermanos y participaría en su comunidad «cuando tuviera paz» o «cuando los demás cambiaran». Mientras tanto, vivía en una somnolencia espiritual, ignorando las necesidades de sus vecinos y permitiéndose juicios ásperos, convencido de que tendría tiempo para sanar sus vínculos.
Una tarde, soñó que el Dueño de la vida llegaba y le pedía cuentas, no de sus rezos, sino de sus amores. Justo gritaba: «¡Espera, aún no he pedido perdón a mi vecino! ¡No he servido a los necesitados!». Al despertar sobresaltado, su Biblia estaba abierta en la advertencia que había postergado:
“Estén vigilantes, porque no saben cuándo regresará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o de madrugada; no sea que llegue de repente y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: Estén despiertos” (Mc 13, 35-37).
Justo palideció al entender que la convivencia cristiana no tiene prórroga. Comprendió que la desidia es morir en soledad mientras dices «mañana amaré». Desde entonces, vive atento, sabiendo que estar despierto es mantener la puerta del corazón siempre abierta al prójimo».
Don Justo fue afortunado, porque lo que tuvo fue un sueño que lo estremeció y lo hizo cambiar y ser una persona comunitaria. No esperemos que a nosotros también nos pase igual que a Juan, que en un sueño Dios nos va a avisar cuando nos va a llamar a juicio ante su presencia luego de la muerte. Aprendamos, mejor, la lección de Juan, cambiando nuestro modo de ser y de vivir; más dados al prójimo y más entregados de corazón a Dios.
Para compartir:
1.- ¿Me consuelo pensando que soy «buena persona» solo porque no hago daño, ignorando las oportunidades de hacer el bien que dejo pasar a diario?
2.- ¿A quién le estoy «debiendo» una ayuda, una palabra o un gesto que sé que puedo dar, pero que por comodidad prefiero callar?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) Gemini 3 Flash. (2026). El Sofá del «Hombre Bueno»: Una lección sobre el pecado de omisión [Modelo de lenguaje de inteligencia artificial]. Google AI. https://gemini.google.com/