Regla De Oro: «El Que No Quiera Trabajar Que No Coma»
Así le escribe san Pablo a los cristianos de Tesalónica: _«Porque también cuando estábamos con vosotros, os mandábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma» (2Tes 3,10).
Esas palabras de Pablo se sostienen de la regla más básica de justicia: no debería comer el que no aporta en lo absoluto. Aunque, en eso de aportar, no debemos pensar y actuar con criterios mercantiles, creyendo que en la casa o en la comunidad los que más aportan son los que ponen dinero, la comida o los bienes de consumo necesarios. El ser humano debe tener un sentido más abierto acerca de lo que es útil, y no quedarse solamente en criterios humanos o terrenales. El cristiano piensa de otro modo. Dice el Señor, a través de san Pablo, refiriéndose a los miembros de la Iglesia: “Las partes del cuerpo que parecen ser más débiles son las más necesarias” (1Co 12, 22).
El Banquete de «Don Juan» (1)
En una comunidad todos aportaban algo para una cena compartida. Don Juan, sin embargo, era experto en «inspección de calidad»: se paseaba viendo cómo otros amasaban el pan o cargaban leña, diciendo que su don era la «contemplación espiritual».
Llegada la hora del banquete, Don Juan fue el primero en sentarse a la mesa con cubiertos en mano. Pero, para su sorpresa, frente a él solo había un plato reluciente… y vacío.
—¿Y mi guiso? —preguntó indignado.
El encargado, con una sonrisa pícara, le entregó un papelito con 2Tes 3, 10: —«Don Juan, San Pablo dice que el que no trabaje, que no coma. Como tú solo aportaste «contemplación», hoy te toca alimentarte del aroma de las ollas. Es muy espiritual y no tiene calorías».
Al ver a los demás disfrutar del fruto de su esfuerzo, a Don Juan le rugieron las tripas más fuerte que sus excusas. Entendió que la comunidad no es un crucero con todo incluido, sino una barca donde todos deben remar si quieren llegar a la orilla. Al día siguiente, fue el primero en llegar a la siembra.
¡Qué tal que si a cualquiera de nosotros nos hubiese tocado pasar por el rato amargo que pasó Don Juan! ¿Nos pondremos diligentes como él a ayudar en adelante? El bien que aportamos a otros los anima; y el bien que dejamos de hacer, los desanima.
Para compartir:
1.- ¿Hay alguna tarea en mi hogar o comunidad que otros están haciendo por mí simplemente porque yo he decidido «contemplar» en lugar de actuar?
2.- ¿Soy consciente de que mi inacción sobrecarga los hombros de mis hermanos y que eso, más que un descanso, es una falta de caridad?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) Gemini. (2026). El Banquete del «Don Juan»: Una lección sobre la corresponsabilidad comunitaria [Modelo de lenguaje de inteligencia artificial]. Google AI. https://gemini.google.com/