Apologética en la Liturgia de la Palabra
Viernes, XXVII Semana del Tiempo Ordinario
Comentario:
La lectura de Gálatas (3, 7-14) lleva a descubrir lo que el título de esta publicación anuncia. ¿Y por qué? Porque mientras la Iglesia Católica parte de Cristo y toma el camino de la Gracia y de la Fe, y persevera en él aunque pasen los siglos, el protestantismo se aparta de Cristo y de la Gracia, como dice Pablo en Gál 5, 3-4, para devolverse a la esclavitud de las obras de la Ley de Moisés. Esto lo hacen cuando se someten a hacer cumplir leyes como la del Diezmo obligatorio, la del Sábado, o la de prohibir comer ciertos alimentos; leyes todas que Cristo abolió en la cruz (Ef 2,15).
Los que se devuelven a dichas leyes y no las cumplen todas completas se vuelven malditos, así lo dijo el Espíritu Santo por medio de San Pablo: «Maldito el que no se mantenga en la práctica de todos los preceptos escritos en el libro de la Ley» (Gal 3, 10). Los protestantes caen en esta maldición porque de los 613 preceptos que contenían aquella Ley, sólo toman en cuenta algunos: el Diezmo, el Sábado, los alimentos prohibidos, entre otros…, y los cumplen incluso, a medias y distorsionados. A esto se le suma lo escrito en Stgo 2, 10: «El que falte un solo precepto de la Ley se hace culpable de todos».
Lo peor de todo es que se amarran a las mismas cadenas de las obras innecesarias para salvarse, a las que su propio padre Martín Lutero tanto condenó y por las cuales le dio inicio a la rebelión protestante.
Los católicos, hombres y mujeres libres
Los católicos son hombres libres de esa esclavitud porque para ello Cristo utilizó la cruz (cf. Col 2, 14; Gal 4, 21-26) y por ello amamos la cruz y como Cristo la cargó también el católico la lleva en su cuerpo y la recuerda todo el día.
Aprovechamos la ocasión para aclarar que nunca en la Biblia Dios dijo que la cruz es maldita. Lo que dijo el apóstol Pablo en la primera lectura de hoy fue lo siguiente «Maldito el que cuelga de un madero» (Gal 3, 13; Dt 21, 23). En ninguna parte la palabra maldición se refiere a la cruz. Dice que maldito es el que cuelga en ella. Y Cristo fue el Justo, el Santo, que en ella canceló lo que nosotros los pecadores, teníamos que pagar por nuestros delitos: la muerte. En todo caso, malditos seríamos los pecadores que con nuestros pecados crucificamos y le damos muerte a Cristo. Más bien, la Biblia siempre nos presenta la cruz como ‘bendita’ (cf. Sb 14, 7), distintivo y corona de nuestro Rey Salvador (cf. Is 9, 5; Job 31, 35-37), marca en la frente de los que pertenecen a Dios (cf. Ez 9,4-6; Ap 7,1-17; 9,1-5; 22,1-4), fuerza y poder para los que se salvan (cf. 1Cor 1, 18-25), motivo y causa de gloria para el cristiano (cf. Gal 6,14)
Todo esto apunta a la Iglesia Católica como la Iglesia de los herederos de la promesa de Abraham, la de los descendientes de Isaac, y al protestantismo, como a los descendientes de la esclavitud, a los del linaje de Ismael, el hijo rebelde de Abraham.
Les comparto otros pasajes bíblicos que refuerzan lo aquí enseñado:
▪ Gal 3, 28: los bautizados en la Iglesia Verdadera son los verdaderos descendientes de Abraham.
▪ Lc 16,16: «La Ley y los profetas llegan hasta Juan»
▪ Hb 10,9: «Cristo derogó el primer orden de las cosas para establecer el segundo»
▪ Hb 7,11-12: A nuevo Sacerdocio (el de Cristo), nuevas leyes…
Para compartir:
1. ¿Por qué la Iglesia Católica es la heredera única y verdadera de las Promesas hechas por Dios a Abraham?
2. ¿Cuál de los contenidos de esta publicación te llamó más la atención y te gustaría compartir con tus hermanos? ¿Por qué?
Elaborada por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc

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