Poner El Dedo En La Llaga
Serie: “La Falsa Paz”
Diagnóstico a tiempo: Prevenir el colapso espiritual y relacional
Muchas personas y grupos viven en un autoengaño destructivo. Se sienten tranquilos porque en la superficie «no se ve nada malo», sin advertir que por dentro avanza un cáncer relacional hecho de resentimientos silenciosos, murmuración y frialdad.
Mi testimonio en la salud puede ayudar a explicar cómo, en la vida familiar, laboral y pastoral, puede ocurrir lo que me pasó hace algunos años: me sentía espléndido, no tenía molestias de ninguna clase. Un amigo me comentó que iba a hacerse unos exámenes médicos porque se sentía mal y, como me quedaban disponibles unos cuatro días antes de viajar por compromisos misioneros, decidí aprovechar para hacerme un chequeo médico de rutina, pues hacía tiempo que no me evaluaba la salud. Resultó, al buscar los exámenes, que mi amigo salió bien y yo, en muy mal estado —hígado graso, tiroides descontrolada, parasitosis, colesterol y triglicéridos muy elevados—. Tuve que suspender los planes, me tocó informar de inmediato a quienes me esperaban en Ecuador y Colombia que no podría ir. Las condiciones en las que estaba desaconsejan el viaje y decidí quedarme quieto y dedicarme a la recuperación.
Así pasa en la vida cuando suponemos una cosa mientras otra muy diferente es la realidad. En la vida social se vive de publicidad, de aparentar, de lucir lo que no se tiene y no se es, y esto es muy peligroso cuando de una empresa, una iglesia, una familia o un equipo de trabajo se trata: silenciar fallas e irregularidades mientras el daño interno va en aumento como un cáncer en el cuerpo. Luego hace metástasis y se hace tarde e irreversible el daño final.
¿Qué habría sucedido de no haber realizado esos exámenes médicos?
Posiblemente, habría tenido un colapso físico grave lejos de casa. De la misma manera, un grupo humano ya sea la familia, la parroquia o la empresa es un organismo vivo. Creer que estamos sanos solo porque no hay discusiones abiertas es una peligrosa ilusión, cuando por dentro, en los pensamientos, sentimientos y deseos hay intriga, resentimiento, enfado, rabia acumulada, tensión. La ausencia de síntomas visibles no equivale a la salud del alma. Por ello, es urgente aprender a poner el dedo en la llaga a tiempo y realizar diagnósticos sinceros sobre nuestra conducta.
La Iglesia siempre ha recomendado la práctica del examen de conciencia como el bisturí indispensable para prevenir el colapso del espíritu. San Ignacio de Loyola, maestro del discernimiento, enseñaba sobre la necesidad de examinar diariamente el alma:
«El primer punto es dar gracias a Dios, nuestro Señor por los beneficios recibidos. El segundo, pedir gracia para conocer los pecados y lanzarlos de sí. El tercero, pedir cuenta al alma desde la hora que se levantó hasta el examen presente» (1).
Hacer este chequeo general en nuestra vida personal y comunitaria nos libra de males mayores. San Pablo nos exhorta: «Examínense a sí mismos para ver si están en la fe; pónganse a prueba» (2 Cor 13, 5).
No le tengamos miedo a la verdad. Descubrir nuestras fallas a tiempo no es para desalentar, sino la oportunidad bendita que Dios nos da para corregir el rumbo antes de que sea demasiado tarde.
Para compartir:
1.- ¿Cuándo fue la última vez que hicimos un chequeo sincero del estado de nuestras relaciones familiares o comunitarias?
2.- ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer que algo anda mal cuando por fuera todo parece estar «bien»?
3.- ¿Cómo nos ayuda la práctica diaria del examen de conciencia para prevenir crisis mayores en nuestra vida y en el grupo?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) Ignacio de Loyola. (1991). Ejercicios Espirituales (n. 43). En Obras completas de san Ignacio de Loyola (C. de Dalmases, Ed.; p. 235). Biblioteca de Autores Cristianos. (Obra original escrita en 1548).