Los Hijos De La Soberbia
«Usando metafóricamente el nombre de Soberbia, se pueden identificar, de igual manera, sus respectivos vicios que de ella nacen como hijos: «La vanagloria, la ambición y la presunción».
Como indica el mismo autor que los presenta, estos hijos «están bien adaptados para servir a sus desordenados fines. Todos ellos son pecados veniales salvo que alguna consideración extrínseca los coloque en el rango de las transgresiones graves. Debe señalarse que la presunción no significa aquí el pecado contra la esperanza. Significa el deseo de intentar lo que excede la propia capacidad.» (1)
Ahora, una sencilla y amena historia para ayudarnos a tomar conciencia de la necesidad de corregir y quitar de estos hijos que perjudican a cualquier persona que los tenga como permanente compañía:
El Espejo de las Tres Sombras
«El joven Julián, encargado de restaurar el altar de la parroquia en Moreno Valley, se sentía el más dotado de los artesanos. En su corazón, la soberbia había plantado tres semillas que crecían como hiedra.
Primero llegó la Vanagloria, susurrándole que el pueblo solo debía admirar su nombre y no la belleza de Dios. Luego apareció la Ambición, impulsándolo a buscar puestos de honor en el consejo parroquial, no para servir, sino para mandar. Finalmente, la *Presunción* lo cegó: decidió retocar el antiguo fresco de la cúpula, una tarea que excedía su técnica y capacidad.
Al subir al andamio, Julián ignoró las advertencias de su párroco. «Yo puedo solo», pensaba. Pero al intentar el primer trazo, su mano tembló ante la inmensidad de la obra. Comprendió que buscaba su propia excelencia y no la gloria del Creador. Aquel deseo de intentar lo que superaba sus fuerzas lo dejó paralizado.
Cayendo de rodillas, Julián recordó que los hijos de la soberbia son solo sombras. Al pedir ayuda a otros hermanos artesanos, la presunción murió. El altar fue terminado, pero esta vez, Julián no buscó que su nombre brillara, sino que la luz de Cristo iluminara el rostro de los fieles.» (2)
Julián puede ser cualquiera de nosotros, y debemos callar y expulsar de nuestra mente esas voces internas tentadoras desde las cuales el maligno intenta seducirnos a cometer el mismo error de actuar con vanagloria, ambición y presunción, y aprender del mismo Julián a reconocer nuestra soberbia y corregirla».
Para compartir:
1.- ¿En qué momento de nuestras tareas diarias solemos buscar nuestra propia gloria en lugar de la de Dios?
2.- ¿Cómo podemos distinguir la sana superación personal del vicio de la presunción?
Elaborada por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuentes:
(1) Delany, J. F. (1999). Soberbia. En K. Knight (Ed.), La Enciclopedia Católica (F. Vázquez, Trad.). ACI Prensa. (Obra original publicada en 1907).
(2) Google. (2026). Gemini 3 Flash (Versión de marzo) [Modelo de lenguaje de gran tamaño]. https://gemini.google.com/
