
Puede que no agrade al lector el tema de hoy. No es intención atacar a nadie sino exponer y proteger la Fe católica ante tanta confusión y desviaciones.
Solo hay una Iglesia fundada por Cristo, y a los ministros de esta Iglesia es a quienes Dios ha constituido pastores. Hay infinidad de grupos fundados por hombres que insinúan ser iglesia de Cristo y le dan el título de pastores a sus dirigentes, sin tener mandato o aprobación alguna de Dios para ello. Usurpan un ministerio que no se les ha dado. En el Antiguo Testamento, Dios estableció, a través de hombres consagrados a su servicio, los sumos sacerdotes que le representaban ante el pueblo. De este mismo modo procedió la Nueva Jerusalén, la Iglesia de Cristo desde sus inicios: 1Tm 5, 22; 2 Tm 1, 6.
Que grave el error cuando un pastor auténtico llama igual a un falso predicador, ya que, traiciona su propia identidad. Dar legitimidad a los intrusos es un error público que siembra el engaño en el pueblo de Dios. Ordinariamente lo hace delante de una o más personas; por lo que, en lugar de aclarar el agua del pozo, la revuelve más de lo que está, haciendo complicado para mucha gente poder distinguir al verdadero y al falso pastor.
¿Qué tiene de malo llamar pastor a un falso pastor?
Pregunta a un ingeniero, un médico, un abogado, un administrador, si tiene algo de malo o no, que le estén dando el título de una de esas profesiones a personas estafadoras que estén usurpando públicamente tales títulos. Dirían: “Nuestra profesión merece respeto. hay que denunciarlos”. Un sacerdote debería decir lo mismo; y más aún, cuando su preparación dura mucho más tiempo que la mayoría de las profesiones..
Al reconocer públicamente como pastor a un falso pastor, ¿acaso no se está legitimando y avalando como verdadera una falsa iglesia? Si al que se hace llamar pastor lo reconocen como tal, entonces… ¿Cuál será el «no pastor», el «falso pastor»? ¿Serán entonces los sacerdotes y obispos de la Iglesia Católica los falsos pastores y aquellos otros los verdaderos? ¿Cuál será el miedo que le entró a la sucesión apostólica y a la población católica de llamar falso pastor al que es y de enseñar a las ovejas quiénes son los pastores del rebaño de Cristo y qué es lo que se requiere y se necesita para ser un pastor legítimo? A una oveja raptada en una iglesia falsa, el demonio, para engañar y hundirla en la apostasía le diría algo así: _«Puedes venir acá a rendirle culto a Dios; ¡No hay inconveniente alguno!. Aquí no hay falsos pastores. Tú mismo has oído a los dirigentes de la Iglesia Católica llamar pastor al que dirige este lugar de culto».
Ha sido costumbre iniciada y asumida por hombres que en muchos lugares a los ministros de la Iglesia Católica los llamen sacerdotes o ‘curas’; mientras que a los dirigentes de cultos ‘no católicos’ les llamen pastores. Debemos ser muy claros en esto: Cristo no está dividido; y no iba a ser el Espíritu Santo, el responsable de dividir a los cristianos para adversarlos entre sí; de crear cismas, de romper la unidad del rebaño de Cristo; y, al mismo tiempo, consagrar como verdaderos e iguales ante los ojos de Dios, a los de un lado como a los del otro. Es anti evangélico y anticristiano llamar pastores a quienes propician estas rupturas y arrastran a otros a apoyar sus pecados divisionistas.
En la Iglesia Católica no se usa el nombre de pastores, no porque no lo sean, sino porque ya desde los primeros cristianos, este ministerio se ejerce de acuerdo al grado o al orden de jerarquía que representan para el pastoreo del pueblo de Dios. Cualquiera que examine los libros del Nuevo Testamento podrá corroborar que, en lugar de pastores, a los ministros de la Iglesia de Cristo se les llamaba de acuerdo al ministerio que ejercían dentro de la Iglesia: Obispos, presbíteros y diáconos: Hch 20, 28; Flp 1, 1; 1Tm 3, 1.8; 5, 17; Tt 1, 7.
Para compartir:
1.- ¿Cuál es la definición de un «pastor legítimo» según la enseñanza de la Iglesia Católica, y cómo se distingue de un «falso pastor»?
2.- ¿Cómo podemos abordar el tema de los falsos pastores en un contexto ecuménico, garantizando respeto y diálogo entre diferentes denominaciones cristianas?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc