Cuesta Obedecer:
Es por efecto de la soberbia que cuesta ser obedientes; de manera que, antes que intentar resolver la dificultad para obedecer, hay que arrancar de raíz la mala hierba de la soberbia que ha brotado y crecido en el corazón humano.
La dificultad para obedecer la tienen todos. Esto puede ayudarnos mutuamente a entender que debemos tener comprensión y tolerancia, a sobrellevar juntos esa flaqueza, como dice san Pablo en Ga 6, 2: “Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo”_ y un poco más adelante añade, “Examine cada cual su propia conducta y entonces tendrá en sí sólo motivos de gloriarse, y no en otros, pues cada uno lleva su propia carga” (Ga 6, 4-5).
Nos cuesta la obediencia a Dios y a los demás. “¡Yo mando aquí!” He aquí la causa del tropiezo de Luzbel, de Adán y Eva. Someter nuestra voluntad a otro, nuestra más difícil cruz a llevar. Jesús nos enseña a vencer al maligno haciendo lo que él no quiso hacer: obedecer al Padre.
San Pablo exhorta a descubrir en la obediencia, mediante el modelo de Cristo y el suyo propio, una puerta a la libertad personal y no una cárcel opresora:
“…consideren cada cual a los demás como superiores a sí mismo, buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás. Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo: El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre”. (Flp 2, 3-11).
Al demonio lo vencemos imitando a Cristo:
Jesús, siendo Dios obedeció al Padre, para que siguiendo su ejemplo, cada uno de nosotros viva la obediencia. Por eso Dios nos da la gracia de iniciar la vida en una familia, para aprender desde niños a obedecer a personas como nosotros: nuestros padres y abuelos, y así, al crecer, podamos afrontar toda prueba difícil de obediencia.
Para compartir:
1-. ¿De qué manera la soberbia afecta nuestra capacidad para obedecer a Dios y a los demás en nuestra vida diaria?
2.- ¿Cómo podemos aplicar la enseñanza de San Pablo en *Gal 6, 2* sobre ayudar a otros a llevar sus cargas en nuestra comunidad?
Elaborada por:
P. Héctor Pernía, mfc