Conozca lo que al eslogan protestante «Sólo Cristo salva» le falta decir:
Una oveja en solitario es presa fácil para el lobo; pero, en rebaño, en la Iglesia, entre hermanos, la oveja está más segura. Eso es la Iglesia para un cristiano; Cristo a través de la comunidad cristiana nos protege del demonio y de todo mal.
Cristo para salvarnos no sólo murió en la cruz y resucitó. Él también fundó una Iglesia y le confió e hizo responsable de administrar y llevar a todas las naciones los bienes y medios para la salvación (cf. Mt 19, 28; 28, 18-20; Jn 13, 20). Cristo no fundó su Iglesia por ocio o pasatiempo.
El pecado es lo que en la tierra nos puede atar e impedir que vayamos al cielo; pero a Pedro Cristo le dijo: “Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo” (Mt 16, 19); y a él junto con los Doce apóstoles, este poder se lo confirmó y confió diciéndoles: “a quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados, y a quienes se los retengan les quedarán retenidos” (Jn 20, 23). Todo esto lo hizo Cristo para salvarnos.
Para nuestra salvación, Cristo ordenó a sus apóstoles y a sus sucesores que hasta el fin de los tiempos hicieran el memorial de su Última Cena, de su sacrificio en la cruz, y de ese modo alimentaran a sus discípulos con su Cuerpo y su Sangre para darles así la vida eterna (cf. Mt 26, 26-28; Lc 22, 19; 1Co 11, 23-25, Jn 6, 48-57).
Todo esto deja en descubierto el peligro encubierto en ese eslogan tan incompleto. Ya sabemos la tarea: ir a donde esté esa frase y corregirla completando lo que le falta: ¡SÓLO CRISTO, EN SU IGLESIA, SALVA! (cf. Mt 16, 17-19).
Para compartir:
1.- ¿Por qué es insuficiente decir «Sólo Cristo salva» sin mencionar a su Iglesia? Descubra cómo la salvación que Cristo ofrece también implica pertenecer a una comunidad guiada por Él.
2.- ¿Qué papel tiene la Iglesia en la obra santificada de Cristo según los textos bíblicos citados? Invita a descubrir la responsabilidad que Cristo dio a los apóstoles y sus sucesores.
Elaborada por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc