La fe católica nos brinda poderosos medios para superar la seductora y engañosa atracción del dinero, animándonos a depositar nuestra total confianza en Dios, en lugar de en las riquezas.
Oración vs. avaricia
La confianza en el dinero es una tentación que seduce intensamente a las personas, sin distinción de edad. Los placeres y el confort que ofrecen los bienes materiales pueden competir fácilmente con el gozo que promete el Señor a quienes hacen su voluntad. No obstante, es a través de la oración perseverante que podemos desmontar la ilusión de felicidad y seguridad que la abundancia de dinero promete.
Al practicar una vida de oración, aprendemos a ver el valor verdadero que reside en la fe, el amor y la comunidad, y cómo el deseo desmedido por las riquezas puede ocultar las heridas dolorosas que ocasiona: egoísmo, indiferencia, codicia y rivalidad.
Para mantener a raya esta tentación y vencerla, es fundamental incorporar la oración en nuestra vida diaria. Extendamos este ejercicio todos los días del año, comenzando por el hogar, para que cada miembro, desde el más pequeño hasta el más grande, aprenda con testimonio vivo que solamente Dios, y no el dinero, es quien provee, protege y da la verdadera felicidad.
Diezmo y limosnas
El diezmo y las limosnas son prácticas espirituales esenciales que nos invitan a vivir la generosidad de manera activa. Al aplicarlas con alegría, como lo indica la Palabra de Dios (cf. 2Co 9, 7), podemos decirle al dinero: “Tú no me controlas, tú no me gobiernas.”
Al practicar la generosidad, cultivamos corazones abiertos que se preocupan por los demás, y así transformamos la tentación de la avaricia en un compromiso con el bienestar de nuestra comunidad. Estas prácticas, vividas de manera libre, humilde y no manipulada, son un poderoso antídoto contra la fuerza seductora del dinero y los bienes materiales.
Quien las practica con alegría y frecuencia, buscando siempre el auxilio a los más necesitados y el sostenimiento de la Iglesia, puede decir con firmeza:
“Tú no me controlas, tú no me gobiernas, tú no me sostienes. Es Dios, la Santísima Trinidad, quien me cuida, me provee de lo necesario y me da la felicidad verdadera.”
Los sacramentos
Entre los sacramentos, el Bautismo nos da el don mayor de parte de Dios: la vida eterna. La Reconciliación y la Eucaristía nos restituyen la gracia y nos fortalecen en nuestra misión de ser generosos y servir al prójimo.
Lectura de la Escritura
La lectura de la Escritura transforma nuestras mentes y corazones, permitiéndonos descubrir los dones esenciales a los que debemos aspirar: la fe, la esperanza y, sobre todo, la caridad, que es la más importante (cf. 1Co 13, 13; 2Co 4, 18).
A través de estos principios, podemos unirnos en un esfuerzo colectivo por ser una comunidad generosa, que no solo evita la avaricia, sino que actúa como un reflejo del amor de Dios en el mundo.
Para compartir:
1.- ¿Cómo podemos incorporar la oración y la práctica del diezmo y las limosnas en nuestra rutina diaria para combatir la tentación de la avaricia?
2.- ¿De qué manera la lectura de la Escritura puede ayudarnos a cambiar nuestra visión sobre el dinero y los bienes materiales?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
