Aprender a hacer críticas es semejante a la obediencia. A nadie le ha sido fácil hacer críticas sin herir, enojar, ofender o equivocarse, ni recibirlas sin alterarse o deprimirse. Es un desafío para todos por igual: unos asumen el reto de aprender el arte de hacer bien las críticas; otros, lamentablemente, cuando critican, con su lengua parecen un tractor pasando por encima de quien sea, triturando a quien se les cruce por delante.
Un sabio proverbio que aprendí de niño dice: «El que aprende a obedecer, aprenderá a mandar». Algo semejante ocurre con las críticas: «El que aprende a recibirlas, las aprenderá a hacer». Por esta razón, me enfocaré en lo primero: aprender a recibir las críticas.
Este es un verdadero reto para el que no siempre se está preparado; pero todos tienen la oportunidad y la capacidad de aprender a cambiar y convertir esta dificultad en una valiosísima ocasión de fortalecimiento de sus relaciones: una amistad, una relación familiar, conyugal, un equipo de trabajo, una responsabilidad determinada.
Es frecuente y normal que, ante la crítica, se experimente temor e inseguridad, y una inconsciente necesidad de protección y defensa. En esto influye significativamente el modo de crianza y la educación recibida. Es imperativo sanar cualquier herida emocional —maltrato físico, verbal o psicológico— que traigas desde la niñez, ya que el miedo que estas heridas aún sin sanar ocasionan en el presente, te hace reactivo e indispuesto a recibir observaciones, evaluaciones y críticas, sean de la naturaleza que sean, constructivas o destructivas. A todas las clasificaremos, de buenas a primeras, como agresoras, adversarias, peligrosas y amenazantes.
Por esta fragilidad, hay personas hipersensibles que no resisten un llamado de atención, una confrontación, una sugerencia, un aporte, una evaluación de su desempeño, porque las toman como ataques a sus sentimientos, a su persona. Así, muchos proyectos valiosos se bloquean, se paralizan o se caen porque, en lugar de sentarse ante las críticas para sacarles el diamante que llevan por dentro y convertirlas en recursos para emprender hacia mayores metas, no pocos optan por salidas que creen más fáciles, como renunciar, abandonar un servicio o, peor aún, endurecerse en su actitud, de cerrarse a la comunicación y hacer más tensas las relaciones de convivencia. En este último caso, hay ocasiones en que se hace necesaria la actuación decidida de quien dirige, para que tome las decisiones que sean más justas y necesarias.
Para compartir:
1. ¿Qué experiencias pasadas han influido en tu manera de recibir críticas, y cómo puedes trabajar en sanar esas heridas para volverte más receptivo en el futuro?
2. ¿Cómo puedes crear un ambiente de confianza y seguridad en tus relaciones, donde las críticas sean vistas como oportunidades de crecimiento y no como ataques personales?
Elaborada por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
