Apologética en la Liturgia de la Palabra
Viernes, XXXIV Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo C
Lecturas del día: Ap 20, 1-4. 11-21, 2; Sal 83, 3–6. 8; Lc 21, 29–33
Comentario:
El capítulo veinte de Apocalipsis nos enseña que hay dos clases de muerte y de resurrección:
La primera resurrección la gozan, por lo que vemos en los versos cuatro y cinco, aquellos que vivieron y murieron fielmente a Cristo.
”Luego vi unos tronos, y se sentaron en ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los que fueron decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, y a todos los que no adoraron a la Bestia ni a su imagen, y no aceptaron la marca en su frente o en su mano; revivieron y reinaron con Cristo mil años. Los demás muertos no revivieron hasta que se acabaron los mil años. Es la primera resurrección” (Ap 20, 4-5).
La expresión “primera resurrección” significa que hay almas de difuntos que partieron de este mundo en estado de santidad y se encuentran en el Paraíso gozando de estar con Dios para siempre, y sólo esperan, para el final de los tiempos, el juicio final y la resurrección de sus cuerpos, que sería la “resurrección segunda” y definitiva (cf. 1Co 15, 52). Estas almas superaron la primera muerte, es decir, la del fallecimiento de su cuerpo carnal. Menciona también otras almas que no pudieron, como éstas primeras, superar la muerte corporal, pero que también, luego de ese simbólico tiempo de espera de “mil años”, revivirán para ir también al cielo. Podría aludir a la purificación de los justos que murieron imperfectamente santos, pero que, por sus pecados se encuentran en el Purgatorio a la espera de la liberación de sus culpas para poder gozar también del reino celestial.
La expresión “muerte primera” y “muerte segunda” ya ha sido explicada en parte, en el párrafo anterior. La “muerte primera” representa las almas que partieron de este mundo y sufren al no poder gozar de la visión de Dios por causa de sus culpas. Es muerte primera porque padecen la consecuencia directa el pecado: la muerte del alma. ¿La muerte de qué? De la imagen y semejanza de Dios en ellos: la gracia de la santidad. Sufren porque la ausencia de su cuerpo terrenal les impide poderse acercar a los Sacramentos y encontrar la liberación de sus culpas con el Sacramento de la Reconciliación (cf. Jn 20, 22-23), y la glorificación de sus cuerpos, con el Sacrificio Redentor de Cristo en la Santa Eucaristía, donde podrán glorificar sus almas mediante la comunión del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo (cf. Mt 26, 26-28; Jn 6, 48-68). Su sufrimiento es también lleno de consolación y esperanza, ya que al final podrán ser salvos y gozarán también de la presencia de Dios, por eso dice el texto bíblico: “Los demás muertos no revivieron hasta que se acabaron los mil años” (Ap 20, 5); “aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el castigo. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien escapa del fuego” (1Co 3, 15).
Por muerte segunda se entiende las almas que en el juicio final quedarán apartadas para siempre de Dios. De ella nos hablan varios textos en la Biblia: 1Jn 5, 15-16; Ap 2, 11; 20, 6. 14; 21, 8). Y, por segunda resurrección, aquellas que, en el juicio final, verán resucitar sus cuerpos gloriosos. Pues, así lo prometió Jesucristo:
“No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio” (Jn 5, 28—29).
Para compartir:
1.- ¿En qué consisten la primera y segunda muerte?
2.- ¿En qué consisten la primera y segunda resurrección?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
