Apologética en la Liturgia de la Palabra
Lunes, XXXIV Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo C
Lecturas del día: Ap 14, 1–3. 4–5; Sal 23, 1–6; Lc 21, 1–4
Comentario:
No hay palabras que puedan recoger todo lo que puede llegarse a sentir, al leer u oír, algún escrito espiritual de los Padres de la Iglesia, o de uno de sus Doctores. Uno queda pasmado de admiración diciendo: –¡Qué belleza! ¡Cómo es posible que los católicos ignoremos lo hermosa que es la Tradición de la Iglesia y que, en cambio, le estemos abriendo las puertas a cualquier novedad tóxica que nos ofrezcan en la televisión o en tendencias de moda!
Hoy nos encontramos con uno de esos casos. Al menos, es lo que su servidor sintió al investigar para preparar la enseñanza de hoy, al leer lo que escribió san Beda el venerable como comentario al evangelio de este día. Y, ¿qué utilidad apologética tiene lo que lees? Apunta a una aproximación entre el comentario de San Beda sobre los judíos y la Iglesia naciente, y la tendencia del protestantismo a afincarse en preceptos judíos como el Diezmo, la Ley del Sábado, los alimentos prohibidos, para creerse salvos, y de la Iglesia de Jesucristo que, en sus Santos, como San Antonio Abad, San Francisco de Asís, y tantísimos otros, da el ejemplo de renunciar a todo lo que tiene para entregarse por entero a Cristo.
A continuación, parte de un comentario de San Beda sobre el evangelio de hoy:
Es aceptable en la presencia del Señor todo lo que se ofrece con buen fin; porque El acepta el corazón más que la ofrenda, se fija en el valor del sacrificio y no en el valor de lo que se le ofrece. Por esto sigue: «Porque todos éstos han echado para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; más ésta ha echado todo su sustento».
En sentido espiritual, los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio representaban a los judíos enorgullecidos de la justicia de la ley, y la viuda pobre representaba la sencillez de la Iglesia, que suele llamarse pobrecita porque rechazó al espíritu de soberbia y el pecado, como las riquezas del mundo. Y es viuda porque su esposo ha dado la vida por ella, y ésta ha echado en el gazofilacio dos monedas pequeñas, porque ofrece sus oblaciones delante de Dios -que conserva las ofrendas de nuestras obras-, o porque son prenda del amor de Dios y del prójimo, o de fe y de oración; todo lo cual aventaja a todas las obras de los soberbios judíos. Los judíos ofrecen las limosnas de Dios cuando les sobra porque presumen de su justicia; pero la Iglesia ofrece a Dios toda su subsistencia porque comprende que su vida entera es un don de Dios. (1)
Que nos queda, que tú y yo nos veamos reflejados en eso que san Beda dice de la Iglesia de Cristo; que no sean el dinero, el poder, el placer, los bienes de este mundo, nuestra posesión más amada; sino que sea Jesucristo, nuestro Sumo Bien.
Para compartir:
1.- ¿Eres reflejo de la actitud de los ricos que dieron en el templo de lo que les sobraba, o de la viuda que dio lo que tenía (a sí misma)?
2.- ¿Qué opinas de la comparación que hace San Beda entre la parábola del evangelio, los judíos y la Iglesia?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) Catena Aurea – Lc 21, 1-4 : El óbolo de la viuda. Disponible en: [deiverbum.org/lc-21_01-04/#Beda]
