Apologética en la Liturgia de la Palabra
Martes, XXXIII Semana del T. Ordinario
Lecturas del día: Ap 3, 1–6. 14–22; Sal 14, 2–5; Lc 19, 1–10
Comentario:
En el santo Evangelio de hoy, Santa Isabel de la Trinidad vió una señal que la llevó a encontrar a la Santísima Trinidad y por ello escribió:
”«Es necesario que me aloje en tu casa.» ¡Es mi Maestro quien me expresa este deseo! Mi Maestro que quiere habitar en mí, con el Padre y el Espíritu de Amor, para que, según la expresión del discípulo amado, yo viva en comunión con ellos (1Jn 1,3). «Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois miembros de la casa de Dios», dice San Pablo (Ef 2,19). He aquí como yo entiendo ser «de la casa de Dios»: viviendo en el seno de la apacible Trinidad, en mi abismo interior, en esta «fortaleza inexpugnable del santo recogimiento» de la cual habla San Juan de la Cruz.” (1)
A tí, ¿te gustaría recibir a Cristo en tu casa, como Zaqueo? Pues, deja el lugar donde estás, la secta o ideología donde te has extraviado y ven a la Iglesia Católica; entra en ella y pasa a la gran cena del Sacrificio Redentor de Cristo, a la Eucaristía. Póstrate ante Él en la fracción del pan, porque sin fe y sin humildad ante la verdad no se le podrá encontrar. Bien dice el Santo Evangelio: lo reconocieron en la fracción del pan (cf. Lc 24, 35)
Ningún lugar u organización religiosa fuera del Catolicismo te ofrece un don tan especial: la casa donde Cristo entrará es tu alma; y las puertas por la cual pasará la Santísima Trinidad para hospedarse son tus labios, por donde entrará la Santa Comunión; pero debes recibirla con corazón limpio y alma pura.
A Santa Isabel de la Trinidad, Zaqueo le inspiró a pensar en la Santísima Trinidad. A mí, Santo Tomás Moro quien me trajo la luz de la Eucaristía con este escrito suyo:
“Recibamos a Cristo en la Eucaristía, como lo hizo Zaqueo, el buen publicano…como deseaba ver a Cristo y como era bajo de estatura, se subió a un árbol, y el Señor al ver su devoción lo llamó, le dijo que bajara del árbol y que quería hospedarse en su casa, Zaqueo se apresuró y bajó, y con mucho gusto le recibió en su casa. Pero no sólo se contentó con recibirlo alegremente, fruto de un encuentro superficial; lo demostró con sus obras virtuosas. Se comprometió a devolver enseguida a todos, sin esperar a mañana, lo que no era suyo y a dar la mitad de sus bienes a los pobres y si había defraudado a alguno, restituirlo cuatro veces más.”
“Con la misma rapidez, espontaneidad y alegría espiritual con la que le recibió este hombre en su casa, que nuestro Señor nos conceda la gracia de recibir su Santísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, tanto en nuestro cuerpo, como en nuestra alma y que el fruto de nuestras buenas obras testimonien que lo recibimos dignamente, con fe plena y un propósito estable de vida buena, natural de quienes comulgan. Entonces Jesús nos dirá, como le dijo a Zaqueo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa» (Lc 19,9).” (2)
Para compartir:
1.- ¿Haz vivido la gracia de recibir a Cristo así como nos inspiran a hacerlo santa Isabel de la Trinidad y santo Tomás Moro?
2.- ¿Qué otras luces apologéticas encuentras en la Liturgia de la Palabra de hoy?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
1] Documento en línea: Santa Isabel de la Trinidad. Escritos: Dios quiere habitar en ti; «Es necesario que hoy me quede en tu casa» (Lc 19,5); Último retiro, 42-44. https://www.deiverbum.org/lc-19_01-10/
2] Documento en línea: santo Tomás Moro; Tratados: “Hoy podemos recibir a Cristo en la Eucaristía.” «Le recibió en su casa muy contento» (Lc 19,6) Tratado para recibir el Cuerpo de nuestro Señor [fr]. https://www.deiverbum.org/lc-19_01-10/
