Apologética en la Liturgia de la Palabra
Lunes, XXXIII Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo C
Lecturas del día: Ap 1, 1–4; 2, 1–5; Sal 1, 1–4. 6; Lc 18, 35–43
Comentario:
¡Qué aleccionador es el evangelio de hoy!
Siempre que oímos o leemos el pasaje cuando Jesús sanó de la vista al ciego de Jericó nos quedamos en el acto del milagro que Cristo le hizo, y muy poca atención le prestamos al hecho y el contexto de las palabras que el ciego le dirige a Jesucristo. Y vaya luces que arroja para sanar de la enfermedad de la mentira y el error a quienes fueron cegados por las falsas doctrinas que niegan la divinidad de Jesucristo y la maternidad divina de su madre, la Virgen María.
En los escritos de San Cirilo de Alejandría (376 – 444 d. C.) encontramos un comentario sobre este milagro, escrito para rebatir las herejías nestorianas en el Concilio de Éfeso (431); Concilio que presidió y en el que corrigió las enseñanzas de Nestorio, que decían que en Cristo había dos personas distintas, un Cristo hombre y un Cristo Dios, y que María era madre de Cristo hombre, pero no, la madre de Cristo Dios.
Los siglos pasaron, pero aquel antiguo sacerdote (Nestorio), tiene hoy, discípulos y herederos: las sectas que usan esos mismos argumentos de Nestorio para negar que María es Madre de Dios.
San Cirilo, al comentar el milagro al ciego de Jericó, dirige un mensaje a tales hijos del extravío: “Imiten a éste los que ven en Jesucristo dos personas [2], porque habla a Cristo como a Dios y lo llama hijo de David”. La enfermedad de aquel ciego es medicina para estos grupos que, por su desconocimiento, terminan desfigurando e impidiendo que Cristo sea encontrado y conocido, pues, sigue diciendo san Cirilo:
“Admírense de la fidelidad de su confesión, porque algunos querían impedirle que confesase su fe. Prosigue: «Y los que iban delante le reñían para que callase». Pero no se acobardaba su audacia por esto, porque sabía que la fe lucha y triunfa de todos los obstáculos”. [por eso…] “él gritaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí».” (1)
Y, para quienes, como los Testigos de Jehová, niegan que Cristo es Dios, san Cirilo les hace ver, del ciego, estas virtudes y esta revelación: “Educado en el judaísmo, no desconocía que Dios había de nacer, según la carne, de la estirpe de David. Por eso le habla como a Dios diciéndole: «Compadécete de mí».” (2)
Mientras los Testigos de Jehová insisten que no es a Cristo a quien debemos invocar para pedir por nuestras necesidades, sino que a Él debemos ir es para que lleve nuestras oraciones a Jehová (así dicen ellos); San Cirilo, nos hace ver con diáfana claridad cómo el ciego no le pidió a Jesucristo que intercediera ante Dios para que lo curara de su enfermedad, sino que, directa y personalmente le pidió a Cristo que lo sanara.
Para compartir:
1.- ¿Qué enseñanza nos da el Señor al usar a un ciego para que veamos la verdad?
2.- Siendo que en Cristo hay dos naturalezas (humana y divina) en una sola persona, y no dos personas, como decía Nestorio, ¿cómo se obtiene que María es madre de Dios?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) Documento en línea: CATENA AUREA: comentarios de los Padres de la Iglesia por versículos. San Cirilo; deiverbum.org/lc-18_35-43/
(2) Ibid.
