
La debilidad corporal no debe ser un obstáculo para alcanzar la pureza del corazón. La moderación en la alimentación es esencial para mantener una vida espiritual sana. Practicar la continencia nos permite evitar la gula y enfocarnos en lo que realmente nutre nuestro ser interior, promoviendo el bienestar del alma.
Continuamos con la reflexión de San Casiano, uno de los más importantes Padres del Desierto: (1)
La debilidad del cuerpo no nos impide alcanzar la pureza del corazón, si no ofrecemos a nuestro cuerpo otra cosa que lo que la debilidad nos pide, y no lo que exige el placer. Debemos utilizar alimentos tanto cuanto es necesario para mantenernos con vida, no lo que nos induce a servir a los impulsos de la concupiscencia. Una toma moderada de alimentos, según nuestro razonamiento, contribuye a la salud del cuerpo y no quita nada a la santidad. La regla de continencia y la norma exacta que nos transmitieron los Padres, es la siguiente: el que tome un alimento cualquiera, deberá detenerse cuando aún tiene apetito, sin esperar la saciedad. Cuando el Apóstol nos dice que no debemos preocuparnos de la carne para satisfacer nuestra concupiscencia (Rm 13, 14), no trata de prohibirnos lo necesario para mantenernos con vida, sino que intenta prohibir un tratamiento que nos induzca a la voluptuosidad.
Además, para lograr una pureza perfecta del alma, no es suficiente con abstenerse de alimentos, sino que otras virtudes son necesarias. Mucho beneficia a la humildad la obediencia en el trabajo y la fatiga del cuerpo, así como beneficia el mantenerse lejos del amor por el dinero, lo que no significa sólo no tener dinero, sino también evitar desearlo ansiosamente: esto es lo que guía al alma realmente a la pureza. El abstenerse de la cólera, de la tristeza, de la vanagloria, de la soberbia, son todas cosas que producen la pureza global del alma. En cuanto a esa particular pureza del alma, fruto de la templanza, la misma se obtiene con la continencia y con el ayuno. Porque es imposible luchar en nuestra mente con el espíritu de la fornicación, teniendo el estómago lleno. Por lo tanto, nuestra primera lucha será por lograr la continencia del estómago y el doblegamiento de nuestro cuerpo, no solamente mediante nuestro ayuno, sino también velando con la fatiga, la lectura y con el recogimiento de nuestro corazón, temerosos de la gehena y deseosos de acceder al Reino de los Cielos».
Concluyendo, recordemos las palabras de San Agustín: «La medida del amor es amar sin medida.» (2) Solo a través de la moderación y el autocontrol podemos encontrar la verdadera libertad y pureza en nuestras vidas, guiando nuestro espíritu hacia lo divino.
Para compartir:
1.- ¿Cómo podemos identificar y distinguir entre la necesidad real de alimentación y el deseo impulsivo que busca satisfacerse a través de la comida?
2.- En la búsqueda de la pureza del alma, ¿Qué otras virtudes, además de la continencia, creemos que son necesarias para superar la adicción a la comida?
3.- Reflexionando sobre la importancia del ayuno y la moderación, ¿Qué prácticas concretas podríamos implementar en nuestras vidas para fomentar un estilo de vida más saludable y espiritual?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
Fuentes bibliográficas:
(1) Pernía, H. (2024). “Guía de auxilio espiritual”. Rubio, Edo. Táchira, Venezuela.; pág 606.
(2) Felipe IA. (2024). “Conclusión a la enseñanza de San Caciano sobre cómo dominar la adicción a la comida” [Mensaje en WhatsApp]. Hospitalitos de la Fe.