
Con este título, San Casiano, uno de los Padres del Desierto, nacido en el año 360 en la ciudad de Dobrudja, en la desembocadura del Danubio; en su obra «Discurso a propósito de los ocho pensamientos», recogió la herencia de los antiguos Padres de la Iglesia dejando para la posteridad del cristianismo una colección de valiosísimas lecciones para la vida espiritual; y, entre ellas, sobre el cuidado del comer para evitar la gula, y sus nocivas implicaciones colaterales:
«Como primera cosa, hablaremos de la continencia del vientre, que se opone a la gula. Diremos pues, cómo hacer los ayunos y cuál deberá ser la calidad y la cantidad de los alimentos. No hablaremos de nosotros mismos, sino que mencionaremos lo que hemos recibido de nuestros santos Padres Ellos no tenían una única regla para el ayuno ni una única manera de comer los alimentos; ni siquiera nos han transmitido la indicación de una medida, ya que no todos tienen la misma fuerza, ya sea por edad, por enfermedad, o por una constitución física particularmente delicada. Hay, sin embargo, un único objetivo: huir de la saciedad y evitar llenar nuestro estómago.
Un cierto ayuno diario ha sido considerado más ventajoso y más adecuado para conducirnos a la pureza, que un ayuno que se arrastra por tres, cuatro días o aun una semana. Se dice que el ayuno que se prolonga sin medida es seguido por un período de exceso en las comidas. De tal modo, es posible que la abstinencia exagerada de alimentos haga que el organismo pierda su vigor, tornándolo perezoso en su servicio espiritual, o que el cuerpo, sintiéndose pesado por el exceso de comida, produzca en el alma pereza y relajamiento.
Los Padres no consideraron apto para todos el ingerir verduras o legumbres, ni que todos pudieran hacer uso, como alimento cotidiano, del pan duro. Se ha visto cómo uno que come dos libras de pan sigue teniendo hambre, mientras que otro, comiendo solamente una, o aun seis onzas, se siente satisfecho. Tal como se ha dicho anteriormente, lo que nos han transmitido como regla para observar la continencia es solamente esto: que no nos dejemos engañar por la saciedad del estómago, ni nos dejemos arrastrar por el placer de la gula. En efecto, no solamente la variada calidad de los alimentos, sino también las distintas cantidades de los mismos, pueden encender en nosotros las flechas inflamadas de la fornicación. Más aún: no es solamente la ebriedad del vino la que embriaga nuestra mente, sino que incluso la saciedad del agua o el exceso de cualquier comida la tornan aturdida y somnolienta. El motivo que produjo la destrucción de los sodomitas, no fue la ebriedad producida por el vino o por los variados alimentos, sino por la saciedad del pan, tal como dice el profeta.
Para compartir:
1.- ¿Cómo podemos aplicar las enseñanzas de San Casiano sobre la continencia del estómago en nuestra vida diaria para cultivar una relación más saludable con la comida?
2.- Reflexionando sobre cómo la gula puede afectar nuestra vida espiritual, ¿de qué maneras podemos identificar y combatir los excesos en nuestras vidas, ya sea en la alimentación o en otras áreas?
Fuente bibliográfica:
Pernía, H. (2024). “Guía de auxilio espiritual”. Rubio, Edo. Táchira, Venezuela.; pág 606-607