Apologética en la Liturgia de la Palabra
Miércoles, XXIX Semana del T. Ordinario
Lecturas del día: Ef 3, 2-12; Is 12; Lc 12, 39-48.
Comentario:
Las sectas que niegan el Purgatorio y pregonan el infierno como único destino para las almas por cualquier pecado que se tenga a la hora de morir, tienen el oscuro concepto de un dios extremista, implacable e inmisericorde; muy distinto al Dios Trino. Para ellos no hay intermedio alguno; «¡o es negro o es blanco!». Tal dios en el que creen es falso y, por falso, es «otro dios,» y los que se inventan su propio dios distinto y aparte del Dios verdadero son IDÓLATRAS.
«¿Quién inventó el Purgatorio?»
Se preguntan de ese modo los que piensan, tal vez, que el Purgatorio debe ser algo así como la electricidad, el teléfono, los trenes. La pregunta, para no pecar de ignorancia, debería ser: «¿En qué consiste el Purgatorio? ¿Aparece algún fundamento en la Biblia o en el mismo sentido común?»
El texto del evangelio que nos ofrece hoy la Liturgia, nos da la respuesta.
Dijo Jesús a sus discípulos:
«Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.» (Lc 12, 47-48)
San Juan Crisostomo comentó así ese texto del evangelio: «Todas las cosas no se juzgan del mismo modo en todos, sino que a mayor conocimiento corresponde mayor castigo.» (1) Las almas que mueren con pecados menos graves no tienen igual situación final que las de pecados más graves.
Es ilógico e incoherente, además de injusto, que una falta grave tenga la misma sanción que una leve. Así, en los mismos tribunales de este mundo, los delitos menos graves reciben menos años de condena que los que cometen delitos más graves, y luego de pagar su castigo, pueden obtener de nuevo la libertad. Es obvio, por tanto, que el tribunal de Dios, el más justo y perfecto de todos los tribunales, sea más misericordioso con las almas de los justos que parten de este mundo llevando consigo pecados leves.
¿Qué enseña la Iglesia Católica?
«Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1030)
“El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con Él” (2)
En conclusión:
De los que reciben más azotes (sufrimiento por faltas más grandes) ni siquiera podemos dar por hecho el destino del infierno, porque descansarán de los muchos azotes. Y los que reciben menos azotes, el descanso lo obtendrán más pronto. ¿Cuál descanso? El descanso eterno, el paraíso.
Para compartir:
1.- ¿Qué aprendizaje y crecimiento en la fe te ha dado esta publicación?
2.- ¿Qué otros elementos de fundamentación aportarías a los aquí mostrados?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
1] Documento en línea: San Juan Crisóstomo. (in homil. 27, in Matth); 47-48;
2] Documento en línea: San Josemaría, en Surco.(Punto 889).
