Apologética en la Liturgia de la Palabra
Martes, XXIX Semana del T. Ordinario
Lecturas del día: Ef 2, 12-22; Sal 84; Lc 12, 35-38.
Comentario:
Conversar de asuntos doctrinales con hermanos adventistas, es cosa segura, que termina hablando del tema de la Ley.
Para ellos, los Diez Mandamientos que se leen en Éxodo (cf Ex 20, 1-17) y Deuteronomio (cf Dt 5, 6-22), tienen que ser cumplidos al pie de la letra por los cristianos. No aceptan la redacción del Decálogo que la Iglesia Católica tiene en su Credo, sobre todo, para justificar que debe aplicarse la obligatoriedad del descanso sabático para todos los cristianos. Su modo pensar es derivado de su errático método de interpretar la Biblia estableciendo doctrinas a partir de lo que dice de manera aislada una sola frase o versículo, e ignorando lo que el conjunto de toda la Sagrada Escritura dice respecto a un determinado tema doctrinal.
Se apoyan de Mt 19, 21 donde Jesús dijo que no vino a abolir ninguna ley sino a darle cumplimiento. Ese versículo se pudiera interpretar de ese modo, si todo el resto de los libros del Nuevo Testamento confirmara de manera abierta e inequívoca que los cristianos conservaron intacto como día sagrado de asamblea y para el descanso, el sábado y no el domingo. Notemos, por ejemplo, la forma tan diferente como el apóstol Pablo, en Ef 2, 14-16 se expresa sobre lo que hizo Cristo con la Ley y el resto de los preceptos:
«Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad, anulando en su carne la Ley de los mandamientos con sus preceptos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la paz, y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad.»
Si nos dejamos arrastrar por la divisoria posición adventista respecto a la Ley antigua, terminaríamos tal cual, como ellos, ignorando lo más esencial e importante en la fe; y es que, en la antigüedad, tales Leyes y preceptos fueron exactamente el muro separador que impedía la mirada fraterna entre judíos y paganos, muro que Jesús derribó clavando la Ley con sus preceptos en la cruz para salvarnos de la enemistad, esclavitud y maldición que dichas ordenanzas traían al hombre (cf. Gal 3, 10-13; Col 2, 14; Rm 7, 1-7).
Los hijos de Dios tenemos por Ley a Jesucristo.
Él es la Ley a conocer, obedecer y seguir. De Él, nace e inicia un hombre nuevo. Es Él, el nuevo punto de partida; nuestro Legislador. Y, si miramos a la antigüedad, no es para buscar en ella los mandatos de Dios a cumplir, sino para dejarnos guiar por la voz de los profetas, especialmente por Juan el Bautista, para llegar con él al ocaso de la Ley antigua (cf. Lc 16, 16), e iniciar desde Cristo, la vida en Dios.
Los adventistas edifican sobre los escombros de la angustia Alianza y, los cristianos, sobre Jesucristo. He aquí la diferencia principal. Ellos, sobre los vestigios de las doce tribus de Israel; y, los cristianos, la Iglesia del Dios vivo, sobre las columnas de los Doce Apóstoles. Son conciudadanos de los Santos y familiares de Dios, siendo, Jesucristo, su columna angular (cf. Ef 2, 19-22).
Para compartir:
1.- ¿Por qué el cristiano debe edificar su fe a partir de Cristo?
2.- ¿Por qué Jesucristo es la Ley suprema y definitiva para todo cristiano?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
