
Un niño en una playa construía con la arena una casita. Vino otro con arrogancia, mostrándose como bueno, y se la piso diciéndole: ‘yo te la voy a hacer. Esa no sirvió’. El niño que levantaba su casita se puso a llorar. Se repuso y la hizo de nuevo.
Hay personas que se empeñan en destruir la Iglesia Católica, porque desconocen que es la Iglesia fundada por Cristo. Creen que la fundó un hombre, el emperador Constantino y se sienten en el deber y la misión de fundar la “verdadera iglesia de Jesucristo”. Por eso son como Saulo, porque hacen el mal creyendo que hacen un gran bien. No son obreros del bien sino del mal, que en vano gastan sus energías intentando desaparecer de la Iglesia Católica. Escuchen a Gamaliel: “ustedes no podrán destruirlos, y ojalá no estén luchando contra Dios” (Hch 5,39). Sus fuerzas no prevalecerán contra la Iglesia que Cristo edificó sobre Pedro (cf. Mt 16,18).
Oponerse a aceptar que en Mt 16,17-19 Jesucristo fundó su propia Iglesia, y afirmar que allí no se fundamenta ninguna fundación de la Iglesia Católica, es un atrevimiento muy temerario, porque se exponen – por ignorancia – a hacer muchísimo daño. Creen que es una causa santa y necesaria sacar católicos de la Iglesia, hacerlos renunciar a su Bautismo, y llevarlos a sus denominaciones. Reeditan la equivocada gesta de Saulo persiguiendo a los primeros cristianos; ignorando que, a quien persiguen realmente, es a Jesucristo. Al interpretar ese pasaje de Mateo aseguran que no fue voluntad de Jesucristo fundar una Iglesia. Si fuese cierto que Cristo no tuvo la intención de fundar una Iglesia; entonces ¿por qué ellos lo hacen fundando nuevas iglesias en su nombre? Dicen que están del lado de Cristo, pero en realidad son sus adversarios.
¿A quién creen que enfrentan y adversan?, ¿a la Iglesia Católica? ¿No se preguntan al menos por un instante, si hacen lo mismo que Saulo, desafiando y luchando contra Dios? Son como los habitantes de Cafarnaúm que se creían asegurados en lo más alto del cielo (cf. Mt 11,23). Con tal atrevimiento ¿les servirá de algo tantos teatros de avivamiento diciendo infinidad de veces Señor, Señor, aleluya, gloria, amén, etc.? Como Judas Iscariote, luego de darle a Cristo el beso en la mejilla con canciones tiernas y sublimes que hacen llorar a sus seguidores, lo entregan a la crucifixión. Con su simulación de cristianos engañarán a muchas almas, ¡pero a Cristo nunca! Perdónalos, Señor. ¡No saben lo que hacen!
Para compartir:
1.- ¿Qué precaución debemos tener los cristianos para no vivir como Saulo persiguiendo a Dios mientras nos andamos creyendo sus más fervientes y fieles servidores?
2.- ¿Qué significa “perseguir” a Cristo en la actualidad, y cómo podemos asegurarnos de que no estamos siendo parte de aquellas voces que buscan dividir a la Iglesia?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc