Apologética en la Liturgia de la Palabra
Martes, XXVI Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo C
Lecturas del día: Jb 3, 1-3. 11-17. 20-23; Sal 87; Lc 9, 51-56.
Comentario:
Quizás, son la mayoría, los que se separan de la Iglesia porque no aguantaron un regaño, una prueba, una suma de dificultades, un rechazo, un irrespeto; o, porque los enfadó y desilusionó un tropiezo de un sacerdote o algún laico de los más comprometidos en la Iglesia.
No es ésta una situación que solo suceda entre católicos. No sé si serán, incluso, más abundante estos casos entre las sectas protestantes; pues, muestra de ello son tantísimas fracturas y rupturas entre ellos, y que sus miembros viven desfilando entre una secta y otra hasta que, al fin, de tantas decepciones se rinden, tiran la toalla y se lanzan al grueso social de los millares que se cierran a toda propuesta de fe declaran no creer en nadie.
¿Qué pasa? ¿A qué proviene tanta desilusión?
Motivos pueden haber muchos; lo cierto es que, al parecer, en su conjunto tomaron un camino a Cristo muy separado del que nos presenta hoy la Palabra de Dios; en Job, las pruebas y tragos amargos, la angustia y las privaciones; y, en Jesús, en el evangelio, su opción de ir a Jerusalén y experimentar, de parte de los samaritanos, el rechazo, con el propósito de preparar a sus discípulos dándoles a conocer que el camino del cristiano está lleno de flores y espinas, no solo de flores, como lo imaginan y lo dan por hecho casi todos los que renuncian a la Iglesia en medio de una tribulación, un disgusto, o una rabia.
Todo revela que Cristo aún sigue siendo el gran desconocido entre los cristianos, pues, si se le conociera realmente, no habría tantísima división e inestabilidad entre sus seguidores. Encontrar y estar con Cristo es adquirir fortaleza interior ante la cruz de cada día, y aprender de Él que nos precede dándonos su luz en medio del dolor y la ofensa:
“Subía a Jerusalén cuando se aproximaba el tiempo de su pasión; y para que no se escandalizasen cuando le vieran padecer, considerando que también ellos debían ser pacientes cuando los ultrajasen, hizo preceder, como cierto preludio, la repulsa de los samaritanos. Y los instruyó de otro modo; habían de ser los doctores del mundo y habían de recorrer las ciudades y aldeas predicando la doctrina evangélica; y les habría de ocurrir que algunos no recibiesen la sagrada predicación, como no permitiendo que Jesús permaneciese con ellos. Les enseñó, pues, que cuando anunciasen la celestial doctrina, debían estar llenos de paciencia y mansedumbre, no demostrarse hostiles, ni iracundos, ni vengativos contra sus perseguidores”. (1)
Para compartir:
1.- ¿Cómo sueles reaccionar en la vida cristiana, ante los anti testimonios, ofensas y el rechazo de los demás?
2.- ¿Qué nos enseña al respecto la Palabra de Dios hoy?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) San CIRILO de Jerusalén; Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por versículos; deiverbum.org/lc-09_51-56/.
