Apologética en la Liturgia de la Palabra
XXVI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B. Año impar.
Lecturas del día: Núm 11, 25–29; Sal 18, 8, 10, 12–14; Stgo 5, 1–6; Mc 9, 38–43, 45, 47–48.
Comentario:
El Evangelio de hoy enseña que hay algo que “no tiene precio”: ser una persona responsable y comprometida, sobre todo con la fe en la que se bautizó. Es más, muchos pueden sentirse llamados a hablar y pretender hacer cosas en nombre de Jesucristo, tal vez como un derecho, una reflexión o una opinión.
Jesús dijo: «No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí» (Mc 9, 39). Pero, ¿esas palabras caben para cualquiera que diga lo que sea de Cristo, con tal que – supuestamente – hable de él? ¡Ciertamente que no! Pues, dice: «El que no está contra nosotros está a favor nuestro” (Mc 9, 40). Esa precisión delimita el contexto de sus palabras y evita cualquier posible tergiversación o manipulación.
Erráticamente, muchos católicos toman el verso 39 para justificar que cualquiera asista a cualquier “iglesia”. Según ellos, es lo mismo, y lo arreglan diciendo que en todas ellas “hablan y enseñan de Cristo”. Así habla la imprudencia y el engaño. La lectura a la ligera y fuera de contexto hace que no entiendan y alteren lo que Jesús está diciendo. De igual modo hacen con el paralelo de este pasaje en Lc 9,49-50:
“Tomando Juan la palabra, dijo: “Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para echar fuera demonios, y le dijimos que no lo hiciera, pues no te sigue junto a nosotros. Pero Jesús le dijo: “NO SE LO IMPIDAN, PUES EL QUE NO ESTÁ CONTRA USTEDES ESTÁ CON USTEDES”
Ambos pasajes, de ninguna manera refieren a cualquier denominación que se haga llamar “iglesia”, “cristiana” o “evangélica”; más, si éstas se encuentran en divorcio y pugna total con la única Iglesia que Cristo fundó y con la única y sola doctrina que Él nos reveló para nuestra salvación (cf. Gal 1, 6-9). Jesucristo fue muy claro: “El que no está CONTRA MÍ, está conmigo” (Lc 9, 50); Él utiliza el plural “NOSOTROS” y “USTEDES”. Está hablando, por lo tanto, de SU CUERPO: SU IGLESIA.
La comunión con Cristo pasa por la comunión con su Iglesia; o, al revés, sin la comunión con su Iglesia no hay comunión con Cristo. ¿Cómo pueden algunos hermanos creer y asegurar que recibieron a Cristo, cuando tan ferozmente blasfeman y calumnian contra la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo? (cf. 1Cor 12, 27; Col 1, 24).
¿A quién refieren entonces Mc 9, 39-40 y Lc 9, 49-50?
A la comunión – unidad – en la diversidad que habita en la Iglesia de Cristo. La Iglesia es un jardín con flores de diversas especies, tamaños, formas y colores; pero, todas son, al fin, flores que, a pesar de sus espinas y de basura que algunos le echan encima, embellecen un mismo jardín en torno a un mismo suelo que las une: Cristo, mediante Pedro, con los demás apóstoles y sus legítimos sucesores a través de los siglos (cf. Ef 2, 20), y un sólo Señor y dueño de todo el Jardín: JESUCRISTO. Está hablando de Congregaciones, Institutos, Carismas, Movimientos y fuerzas que el Espíritu Santo suscita y que hacen vida en la misma Iglesia, sin que vayan juntas a todos lados a hacer su trabajo para Cristo: Jesuitas, Franciscanos, Salesianos, Dominicos, Opus Dei, Cursillos de Cristiandad, Legión de María, Renovación Carismática, Neo catecúmenos, entre otros…
Para compartir:
1-. ¿Por qué no viene de Cristo cualquier persona que hable de Cristo?
2-. ¿Por qué las palabras de Cristo, en Mc 9, 39-40 y Lc 9, 49-50, no aplican a las Sectas Protestantes?
Elaborada por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
