Apologética en la Liturgia de la Palabra
Domingo, XII Semana del Tiempo Ordinario
Lecturas del día: Dt 4, 1–8; Sal 15, 2–5; Stgo 1, 17–27; Mc 7, 1–23
Comentario:
La palabra Dominical de hoy, se centra en el cumplimiento de la voluntad de Dios, clave de la escucha atenta, de la deliberación y vivencia, como lo dice Moisés, de «los preceptos y las normas que yo os enseño para que las pongan en práctica, a fin de que vivan y entren a tomar posesión de la tierra que nos da YAHVÉH, Dios de vuestros padres» (Cf. Dt 4,1). La interiorización de sus mandatos que tiene que ser comprendida como hijos de Dios, desde su corazón e intelecto, sin añadiduras, ni omisiones selectivas (Cf. Dt 4,2), para que se exclame: «Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.» (Dt, 4,6).
La Palabra nace del amor de Dios-Padre, de su verdad y justicia. La misma, busca cultivar en su descendencia humana, que el camino de la salvación es la vivencia de la caridad fraterna, por ejemplo: «visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo» (Cf. Stg 1,17-18.27).
Dios llama a todos y cada uno de los hombres a la salvación, al ofrecer su gracia a través de Cristo. Dios en su infinita misericordia, Él quiere que todos los hombres se salven. Sin embargo, hay quienes se condenan por su propia voluntad. No es suficiente tener fe para salvarse, si ésta, no se hace operante de nada sirve. Si bien es cierto de que el hombre tiene “libre albedrío”, para salvarse requiere de la gracia de Dios. La misma, nace de la libertad de cada uno a responder y cooperar al retribuirla al hermano necesitado. (Entendiendo que gracia es el favor gratuito e inmerecido de Dios).
Hay que pasar de egoísmo al altruismo. La gracia de Dios mueve al hombre a creer en Cristo y obedecer, actuando sobre su prójimo. Así, el hombre se justifica al ser movido por la gracia que vive de acuerdo con la voluntad de Dios, obrando el bien y cumpliendo sus mandamientos. El mismo, es libre de no hacerlo y perder el estado de gracia de Dios. En este sentido, para salvarse, no basta solo creer (Sola Fides), sino creer y obrar en cumplimiento de los mandamientos que son necesarios para la salvación. Ergo, decir tener fe, es como decir que conozco la teoría. Ya se ha logrado un paso, que no lo excluye de la responsabilidad de actuar como cristiano en su comunidad. Creer implica motivación y obediencia a todo lo que Dios ha revelado en cada mundo en que el cristiano vive. No es suficiente decir que uno “no roba, ni mata, ni comete adulterio, ni se es un mentiroso”. Por ello, como Santiago expresó: «¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe podrá salvarlo?» (St 2,14). «Pues lo mismo la fe: si no tiene obras, ella sola es un cadáver» (St 2,17)¬. La clave es la encarnación de la Palabra y de la fe en la vida, haciendo vida su fe.
Para compartir:
- Si tengo fe, ¿por qué me angustia lo que nos acontece en lo temporal?
- ¿Cómo vives la fe con tus próximos? ¿Qué haces para evitar un culto vacío?
Elaborado por:
D. Dr. Ludwig Schmidt H
