Apologética en la Liturgia de la Palabra
Miércoles, XVII Semana del T. Ordinario
Lecturas del día: Jer 15, 10. 16–21; Sal 58, 2–3. 4–5a. 10-11. 17. 18; Jn 11, 19–27.
Comentario:
El testimonio de la visita de Jesús a la familia de su amigo Lázaro luego que éste falleció contiene herramientas de gran utilidad para quienes, inducidos erróneamente por sectas protestantes, se cohíben de pedir a los Santos su intercesión, porque les hicieron creer que todos ellos están muertos y ninguno puede interceder. También se puede usar para refutar la mentira de los Testigos de Jehová que viven diciendo que apenas muere la persona muere también su alma.
Las palabras de Jesús a Marta revelan que la vida de los hijos de Dios no se interrumpe con la muerte; ellos comienzan a gozar de la vida eterna en su alma aquí mismo en la tierra desde que renacen a una nueva vida en Cristo mediante los Sacramentos. Entremos en detalle, iluminados por la excelencia de uno de los escritos de San Agustín: (1)
«El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que vive y cree en mí no morirá para siempre». ¿Qué es lo que dice? «El que, en mí, aunque haya muerto como Lázaro, vivirá» porque Dios no es un Dios de muertos sino de vivos. Ya, respecto a Abraham, Isaac y Jacob, los patriarcas muertos hacía tiempo, Jesús había dado a los judíos la misma respuesta: «Yo soy el Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob. No Dios de muertos sino de vivos, porque para él todos están vivos» (Lc 20,38). ¡Cree, pues, que, aunque mueras, vivirás! Pero si no crees, aunque estés vivo, estás realmente muerto… ¿De dónde le viene la muerte al alma? De que ya no tiene fe. ¿De dónde le viene la muerte al cuerpo? De que el alma ya no está en él. El alma de tu alma es la fe.
«El que cree en mí, aunque su cuerpo esté muerto, tendrá vida en su alma hasta que el cuerpo mismo resucite para no morir ya nunca más. Y cualquiera que vive en su carne y cree en mí, aunque su cuerpo deba morir por un tiempo, vivirá para la eternidad a causa de la vida del Espíritu y de la inmortalidad de la resurrección».
¿Qué es lo que atacan las sectas? ¿Acaso es a la Iglesia Católica o a los Santos?
La ingenuidad y la ignorancia les impide ver que, a quien enfrentan, es directamente a Jesucristo, difamando y ocultando sus verdaderas enseñanzas. No es difícil descubrir la ponzoña del maligno tratando de evitar que los cristianos sepan que no están solos en la vía hacia Cristo, y que en el cielo tienen multitud de Santos con los que cuentan para pedir ayuda a Cristo, y para inspirarse a vivir el Evangelio como ellos lo vivieron. Ellos aseguran que para Cristo ningún santo existe, ningún santo está vivo. Jesucristo, por el contrario, anunció que los suyos no conocerán la muerte. Según las Sectas, los que mueren, simplemente muertos están y de ellos nada vivo quedó. Cristo, en cambio anunció que, quienes terminan la vida terrenal en gracia de Dios, sin pecado, no conocerán la muerte segunda, es decir, la condenación eterna (cf. Ap 20, 6, 14).
Sorprende ver cómo los hermanos que caen en las redes de las Sectas que les atacan la doctrina católica sobre los Santos, siendo que hacen tanto uso de la Biblia, lleven tan vendadas sus mentes como para no darse cuenta de las incoherencias tan grotescas que existen entre las cosas que les dicen y lo que en la misma Biblia pueden leer.
Para compartir:
1.- ¿Es lo mismo ser cristiano y seguir a Jesucristo, con los Santos o sin los Santos?
2.- ¿Qué intención puede estar oculta detrás del ataque del diablo y de sus siervos a los Santos?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
1] Documento en Línea: S. AGUSTÍN, Sermón: “Si no crees estás muerto; Sermón 49,15 sobre el evangelio de Juan. https://www.deiverbum.org/jn-11_19-27/
