Apologética en la Liturgia de la Palabra
Miércoles, XXX Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo B.
Lecturas del día: Rm 8, 26–30; Sal 12, 4–5. 6; Lc 13, 22–30.
Comentario:
El evangelio de hoy abre con una pregunta de mucha actualidad, pues la gente se pregunta: ¿Son pocos los que se salvan? Mientras algunas sectas, como los Testigos de Jehová, se ufanan al asegurar que ellos sí saben la cantidad, sin embargo, el propio Jesucristo, nos enseña que ese no es un asunto que necesitemos saber, ni el oficio del que se debe ocupar su Iglesia. Algo muy nocivo para nosotros debe haber en la pretensión de querer saber cuántos se salvan pues por nuestro propio bien, Cristo cambia el asunto del tema.
El Padre Raniero Cantalamessa, predicador del Papa, dice al respecto: ”a Jesús no le interesa revelarnos el número de los salvados, sino más bien la manera de salvarse.” (1)
Cristo nos pone la condición de pasar por una puerta angosta para salvarnos, no una adivinanza de cuántos se van a salvar. La atención la necesitamos fijar en entender qué quiere decir con eso de la puerta angosta, y de la puerta estrecha. Y, para no errar, acudamos a Cristo: “¿Cuál es esa puerta?” y, ”¿por qué es angosta?” Y él nos dirá: ”Lo tienen en las Escrituras, ¿y no se han dado cuenta? Nos llevará a *Jn 10, 7. 9*, donde él mismo, con fuerza, anuncia: «En verdad les digo que yo soy la puerta de las ovejas”; y luego, en el verso nueve, reitera y advierte: ”Yo soy la puerta: el que entre por mí estará a salvo”.
¿Por qué es angosta la Puerta para salvarse?
No caigamos en el error de la literalidad de las palabras, con que muchas sectas y lectores aislados, acostumbran a interpretar la Biblia. Iremos viendo que la “puerta ancha” es una relación con Dios de modo directo sin tener que obedecer a nadie en este mundo, sin el Papa, sin los sucesores de los Apóstoles como autoridades en la fe (cf. Jn 21, 15-17; Mt 16, 19) . ¡Por eso se vuelve angosta la puerta! Porque exige renuncia a la soberbia, al orgullo, y ejercitarse en la humildad. Porque Cristo, siendo Dios, nos dio ejemplo sometiéndose voluntariamente en obediencia al Padre, que es también de naturaleza Divina, para que nosotros, humanos, aprendamos a someternos también, obedientemente, a hombres, ministros de Dios para nuestra Salvación.
Si reflexionamos el inicio del capítulo diez del evangelio de Juan notaremos que la puerta ancha es la tronera, hueco o boquete por donde entra el ladrón que se acerca al Rebaño de Cristo solo para robarle ovejas sin acatamiento ni subordinación al Portero que el Señor puso junto a la Puerta, el cual se menciona en el verso tres. La Puerta es el propio Cristo (v. 7 y 9), y, el Portero, es el Sucesor en el primado de Pedro, a quien Jesús le dio las llaves de Su Persona, para que le abriera y le cerrara (cf. Mt 16, 17-19). La Puerta angosta está implícita en el verso tres y cuatro de dicho capítulo, en aquellos pastores y ovejas que para pasar la Puerta de la Salvación (Cristo) van gozosos al Portero y Pastor que Cristo les asignó para apacentarlos, y esperan con honra, paciencia y veneración, a la autorización del Portero para entrar o salir por la Puerta.
Para compartir:
1.- ¿Por qué la obediencia es la Puerta angosta que lleva a la salvación?
2.- ¿Cómo ayudar a que las ovejas que están en las Sectas se den cuenta que sus dirigentes son ladrones de ovejas del Rebaño de Cristo?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) es.zenit.org/articles/predicador-del-papa-son-pocos-los-que-se-salvan/

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