La Comunión De Los Santos Y La Intercesión
Los santos son los principales guerreros en las batallas espirituales. Todos ellos son campeones; todos vencieron a los demonios y, por eso, son muy útiles para aquellos que quieren enfrentarse en serio al demonio: no solo en la batalla cuando se tiene una posesión demoníaca, sino, sobre todo, en la batalla en la acción ordinaria, que es la más agresiva y letal, la del pecado.
Siendo campeones, el demonio los teme porque los han vencido; por lo tanto, los ridiculiza y les hace ver que no son tan malos como quieren parecer, porque cuando un hijo de Dios está con Dios y vive en la gracia de Dios, se vuelven derrotables, y el demonio les teme. Los demonios ven a los hijos de Dios santos como gigantes y los aterran. En los exorcismos suelen gritar, y eso ocurre a menudo. Nosotros no vemos a los santos, pero los demonios sí; entonces les gritan: «¿Qué haces aquí, Pío de Pietrelcina?». Habitualmente no los nombran por sus nombres, sino que les tienen apodos; pero, muy particularmente, temen a la Virgen María. Es una cosa tremenda. Porque los santos algún pecado tuvieron, pero la Virgen María no, y como es la Reina del Reino de los Cielos, los demonios deben someterse a la Reina.
Por eso, la devoción a la Virgen María, el consagrarse a ella y participar en esa experiencia que dura treinta y tres días es muy útil para la lucha espiritual. La lucha espiritual no debe entenderse como algo que dura tres días y se acaba. No. Ella durará toda la vida. Quizás por un tiempo, cuando se tenga la acción extraordinaria del demonio y ocurra la liberación, pero luego hay que mantenerse; porque es más difícil mantenerse libre que ser liberado, ya que el ataque demoníaco puede durar tres, cuatro o cinco años, pero la vida, con sus ataques ordinarios, será el resto de la vida.
Es necesario entender que no se trata solo de un ataque demoníaco de orden extraordinario, sino también de los ataques ordinarios. San Benito tiene preponderancia por su experiencia exorcística y porque nos ha dejado una oración que solemos usar mucho, y es la que tiene aquella cruz famosa que dice en latín:
«Crux Sacra Sit Mihi Lux. Non Draco Sit Mihi Dux. Vade Retro Satana! Numquam Suade Mihi Vana. Sunt Mala Quae Libas. Ipse Venena Bibas»
O, en español:
«¡Que la Cruz sagrada sea mi luz! ¡No sea el dragón mi guía! ¡Apártate, Satanás! Nunca me sugieras cosas vanas; maldad es lo que ofreces: bebe tú mismo el veneno».
San Miguel Arcángel, el Príncipe de la milicia celestial que defiende el honor de Dios y la sana doctrina, es la voz que se levantó en medio de la rebelión de los demonios —de los ángeles caídos— para defender la majestad de Dios con su grito: «¡Quién como Dios!».
Para compartir:
1.- ¿Qué importancia tienen los santos y la Virgen María en la lucha espiritual contra el mal, y cómo pueden su intercesión y sus oraciones ayudar a quienes enfrentan ataques demoníacos?
2.- Según el texto, ¿qué papel juegan las acciones ordinarias y extraordinarias del demonio en la vida espiritual del creyente, y cómo deben prepararse los fieles para enfrentar estos desafíos?
Elaborado por:
P. Domingo Pernía, exorcista
