
Piensa primero en dos frutas de la misma especie; dos duraznos, por ejemplo. Uno está sano y apetitoso, y el otro, enfermo y en descomposición. Ahora, considera dos personas y su personalidad, y lo que las distingue del resto de la creación: su inteligencia y voluntad. Ambas son seres humanos, pero en su manera de pensar y de utilizar su libertad, una se asemeja al primer durazno, y la otra, al segundo; es decir, la primera es una persona sana, mientras que la segunda está en descomposición. La primera, tal vez, lleve puesta ropa hecha de remiendos; la segunda, en cambio, viste un buen pantalón y corbata. La primera puede no saber leer, mientras que la otra posee doctorados.
Los vicios, ya sea el tabaquismo, las drogas, o la prostitución moral de instituciones, medios de comunicación y hogares, son un reflejo de la familia y de la sociedad de la que provienen. A partir de estas comunidades surgen individuos que, aunque estén revestidos de títulos y posiciones respetables, están moralmente descompuestos, como el segundo durazno. La falta de autoridad social no solo afecta a los demás, sino también a ellos mismos. Este mal ejemplo se extiende a todos los que dependen de ellos, infiltrándose en las escuelas y en los medios de comunicación. De este modo, los frutos descompuestos también llegan y se filtran en los seminarios, quienes luego se convierten en «sacerdotes» y «consagrados» en los oficios divinos. Con sus defectos, hacen difícil que las personas encuentren sacerdotes y consagrados que sean como el durazno sano.
Es esencial que cada uno de nosotros busque la salud espiritual y el bienestar moral, no sólo para nuestro propio beneficio, sino también para el de nuestra familia y comunidad. Al esforzarnos por ser ejemplos positivos, podemos contribuir a cultivar una sociedad más íntegra, donde el amor y el respeto florezcan, ofreciendo un verdadero reflejo de la creación divina y de la dignidad humana. Solo así, podremos reconstruir la confianza y la esperanza en aquellos que nos rodean.
Para compartir:
1.- _¿Cómo podemos trabajar en nuestra propia salud espiritual para asegurarnos de ser «duraznos sanos» en nuestra familia y comunidad?
2.- ¿Qué prácticas diarias podríamos implementar para fortalecer nuestra dignidad y virtudes?
3.- El texto menciona que los vicios afectan no solo al individuo, sino también a su entorno familiar. ¿Qué efectos observas en tu familia o comunidad debido a los vicios como el tabaquismo o el alcoholismo? ¿Cómo podemos abordar este problema juntos?
Elaborada por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
Todo el contenido de la publicación fue tomado de la ‘Guía de Auxilio Espiritual’ (2024) elaborada por el mismo autor de esta publicación.