Ap
ologética en la Liturgia de la Palabra
XXX Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B. Año impar.
Lecturas del día: Jer 31, 7–9; Sal 125, 1–6; Hb 5, 1–6; Mc 10, 46–52.
Comentario:
El santo Evangelio de hoy revela la consumación, en la plenitud de los tiempos, de las muchas promesas hechas por Dios en la antigüedad al pueblo de Israel por medio de los profetas, como lo hace a través del profeta Jeremías cuando dice: “Dad hurras por Jacob con alegría, y gritos por la capital de las naciones; hacedlo oír, alabad y decid: «¡Ha salvado Yahvé a su pueblo, al Resto de Israel!» (Jer 31, 7). El anuncio de Dios fue siempre, que vendría Él mismo, y no otro, a salvar a los hombres, a redimirlos. Cristo, el Redentor, el Salvador, es Dios en Persona.
Con esta profecía y los signos que acompañan a Cristo en la carta a los Hebreos y en el Evangelio, nos confirman que Cristo, y no otro, es el Dios verdadero, el Dios con nosotros, que vino y en la Cruz nos salvó, y con su Resurrección, hizo estallar de alegría los corazones. Los “hurras por Jacob con alegría” refieren a la alegría desbordante e inefable que irrumpió en la vida de los apóstoles y de las mujeres que fueron testigos de su Resurrección.
Entonces, nos preguntamos: ¿Cuál es el empeño de organizaciones como los Testigos de Jehová de violentar la doctrina y la verdad de la Divinidad de Cristo, de negar que Él sea Dios? Según las doctrinas de estos hermanos, lo que dan a entender, es que Dios no se sacrificaría nunca en la cruz, no pasaría jamás por la muerte, no vencería la muerte, no resucitaría. Porque si Jesús, que hizo todo esto y mucho más, no es aceptado por ellos como el Dios verdadero, ¿qué clase de Dios tienen?, ¿en qué clase de salvador creen?
Mirando hacia adentro de la Sociedad Watchtower, para conocer el acento y el predominio de sus enseñanzas, de sus normas y ocupaciones, su “salvador” se lo pasa siempre vigilando con amenazas para que ninguno se pase de la línea de las normas extra bíblicas impuestas por el Cuerpo Gobernante, y solicitándole a sus seguidores contribuciones de dinero, en efectivo, tiempo y trabajo no remunerado, para levantar “Salones del Reino”, para traer nuevos miembros, para pagar revistas y libros, para hacer contribuciones que inflarán las ya astronómicas ganancias que año a año amasa el Cuerpo Gobernante en Brooklyn, New York.
Otra característica del tal “Jehová”, al que – supuestamente – entregan sumisamente todo el dinero y el sacrificio de sus miembros, es que no aporta un centavo de dinero para ayudar a cubrir gastos hospitalarios o de medicinas de los ancianos en las congregaciones que se enfermen, o de sus miembros. Todo el sacrificio y la solidaridad lo tienen que hacer entre ellos, pero de su Cuerpo Gobernante, no reciben nada. Tampoco, en ningún país del mundo, construyen ni mantienen hospitales, centros de rehabilitación, centros educativos o de ayuda social para los más necesitados. Hacen que sus seguidores se desgasten, pero sólo y exclusivamente con los mismos hermanos de lugar donde se congregan; pero, fuera de ellos, ni un vaso de agua. ¡Qué clase de “dios”! ¡Tan lejano del revelado, por Cristo y en Cristo, a través de las Santas Escrituras! ¿Y la parábola del Buen Samaritano dónde quedó? ¡Qué triste! Alejar a las almas de Cristo Redentor, de Dios, para llevarlas en cautiverio sometidas a un minúsculo grupo de poderosos empresarios (Watchtower) camuflados tras el nombre de un tal “Jehová”.
Para compartir:
1.- ¿Cómo ayudar a un Testigo de Jehová a encontrarse con Cristo Liberador y Redentor?
2.- ¿De qué modo se evidencia en las lecturas bíblicas de hoy la Divinidad de Cristo?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
