Orientación bíblica desde el Antiguo Testamento
Estos pasajes pueden ayudar a superar el odio:
a. «El odio provoca contiendas, pero el amor cubre todas las faltas» (Prov 10, 12).
Como en todo incendio, el amor y la misericordia apagan el fuego del rencor ocasionado por algún mal o daño recibido; mientras que el odio, en cambio, es como pretender apagar ese mismo fuego echándole algún producto inflamable. Odio más odio, produce más odio. Solo el perdón puede revertir el fuego del odio hasta extinguirse por completo.
b. «Los que aman al Señor, odien el mal; él guarda las almas de sus fieles, los libra de las manos de los impíos.» (Sal 97, 10).
Todo el que, de veras y de todo corazón, diga que ama a Dios, que se aliste sin demora en su ejército santo, dispuesto a estar en la primera línea o vanguardia de batalla venciendo, a fuerza de bondad, mansedumbre y compasión, cualquier obra del mal, asomo de ofensa o desagravio que pueda venir en su contra. No hacerlo, es desertar de los hijos de Dios.
c. «El que odia disimula con sus labios, pero en su interior encierra engaño. Cuando le hables con gracia, no te creas; porque siete abominaciones hay en su corazón»(Prov 26, 24-26).
Ciertamente que resistir y hacerle frente al odio no es tarea fácil, ya que – como dice en Proverbios – “el que odia disimula con sus labios”; por lo que debemos buscar y asegurar que nuestra dependencia y entrega al amor de Dios sea absoluta e inquebrantable para que, cualquier reacción o agresión inesperada encuentre siempre delante un sólido e invencible escudo de Bondad y Misericordia.
d. «No odies a tu hermano en tu corazón; corrige, a tu prójimo, para que no cargues por causa de él.»(Lev 19, 17).
Aunque cuesta mucho, es necesario hacer con el rencor lo que se aconseja con un hematoma o coágulo, que es mejor sacarlo que dejarlo dentro, para que después no sea causa de algún tumor maligno. Es necesario liberar el corazón de cualquier virus de rencor revirtiendo sus efectos justo con lo que lo disuelve y deja sin fuerza: con el poder todopoderoso que a todos los seres humanos nos ha dado nuestro Creador, de ir frente al otro y perdonarle todas sus ofensas. ¡Ese es el verdadero y auténtico desahogo liberador!.
Para compartir:
1.- ¿De qué manera podemos comprometernos a ser «soldados» en el ejército del Señor, dispuestos a enfrentar el mal con bondad y compasión? ¿Qué acciones concretas podríamos tomar para manifestar este compromiso en nuestras relaciones con los demás?
2.- Reflexionando sobre *Lev 19, 17* y la necesidad de liberar el corazón del veneno del rencor, ¿cómo podemos abordar las heridas que llevamos con amor y perdón, buscando sanar tanto en nosotros como en aquellos que nos han ofendido? ¿Qué pasos podemos dar para llevar a cabo esta liberación emocional?
Elaborada por:
P. Héctor Pernía, mfc