Apologética en la Liturgia de la Palabra
Jueves, XXIV Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo C
Lecturas del día: 1Cor 15, 1–11; Sal 117, 1–2. 16–17. 28; Lc 7, 36–50
Comentario:
Dicen: “Dios condena la Tradición y lo único válido para el cristiano es la Biblia”.
Sin embargo, al inicio del Cristianismo, no existía el Nuevo Testamento. El mismo lo compuso la Iglesia Católica, justo gracias a lo que los protestantes rechazan, la Tradición de la Iglesia, mediante los Concilios en Roma (382), hasta el de Cartago (429). Ninguna secta protestante hizo nada para que hoy tuviéramos el canon bíblico, dado que ninguna de ellas existía. Todo el trabajo se lo deben a la Iglesia Católica; desde los instrumentos de Dios para escribirla, las comunidades cristianas para nutrirse de ellas y resguardarlas, y los Concilios para examinarlas y seleccionar los libros inspirados por Dios.
En los tiempos de Jesús existían las Sagradas Escrituras que comprendían los libros de la Ley y los Profetas, lo que tenemos hoy en la Biblia como el Antiguo Testamento. Eso lo vemos en el mensaje de San Pablo a los cristianos de Corinto:
“Quiero recordarles, hermanos, la Buena Nueva que les anuncié. Ustedes la recibieron y perseveran en ella, y por ella se salvarán si la guardan tal como yo se la anuncié, a no ser que hayan creído cosas que no son. En primer lugar, les he transmitido esto, tal como yo mismo lo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras” (1Cor 15, 1-3).
Tradición es la transmisión íntegra, fiel e idéntica de una enseñanza o doctrina de una generación a otra.
Dicen: “Cristo tuvo más hermanos, y por eso María no es virgen”
Muchos grupos protestantes muestran textos de la Biblia como éste: “Afuera están tu madre y tus hermanos” (Lc 8, 20). También, todo texto bíblico donde Cristo es mencionado con hermanos, lo usan de modo imprudente para decir que su madre no es virgen. Lo hacen interpretando con ligereza y al pie de la letra esos pasajes; pero, eso sí, hacen fama de ser muy minuciosos en hacer estudios bíblicos. Tal celo desaparece, y pasan de largo, cuando se asoman ante textos de la Biblia donde también se habla de hermanos en otros sentidos distintos al consanguíneo, como éste, donde dice que Jesús tenía más de quinientos hermanos: ”Se apareció (Cristo) a Pedro y luego a los Doce. Después se dejó ver por más de quinientos hermanos juntos” (1Cor 15, 5-6).
Dicen: “Es mentira que los sacerdotes tengan poder para perdonar pecados”.
No es de extrañar que haya quienes digan eso de los sacerdotes católicos; ya que antes, los fariseos y escribas hicieron algo muy parecido con Jesucristo: ”Jesús dijo después a la mujer: “Tus pecados te quedan perdonados”. Y los que estaban con él a la mesa empezaron a pensar: “¿Así que ahora pretende perdonar pecados?” (Lc 7, 48-49). Los fariseos ignoraban que Cristo era Dios; por eso, no aceptaban, ni reconocían su poder para perdonar los pecados. Igualmente, las Sectas ignoran que los sacerdotes recibieron del mismo Cristo ese poder (cf. Jn 20, 21-23; Mt 16, 17-19); o, simplemente, lo saben, pero no soportan tal verdad porque no les conviene admitirla.
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2.- ¿Con qué otros argumentos se puede completar la respuesta a las acusaciones hacia la Iglesia Católica que fueron tratadas en esta publicación?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
