Palabras de una Madre de Familia y Educadora
Enedina Márquez, educadora jubilada, dedicada a Dios, a su esposo y a sus hijos, compartió anteriormente su testimonio como ex fumadora extrema. Reflexionando sobre una conversación con un joven fumador, mencionó un mensaje impactante de un cartel que decía: «Respeta mi deseo de vivir más; yo respetaré el tuyo de morir antes». La respuesta del joven fue reveladora: «¡Precisamente! ¡Respete mi deseo de morir antes, que yo respetaré el tuyo de vivir más!». Esta interacción muestra el profundo sufrimiento y la desesperación de muchos que no se sienten escuchados.
La profesora Enedina explicó que «las personas que fuman o tienen un vicio para hacerse daño a sí mismos reflejan que hay cosas que les quitan las ganas de vivir». A menudo, los jóvenes se aíslan en sus habitaciones y sus padres no se toman el tiempo para averiguar qué les sucede, ni para escucharles o compartir con ellos. Esto genera una ausencia de conexión emocional que puede llevar a buscar refugio en hábitos destructivos como el tabaquismo, las drogas o el alcohol.
El abandono emocional en estas situaciones es devastador. Como señala la profesora: «Está necesitando amor de Dios en personas que le den ánimo, aliento, esperanza y fuerza». Cuando no encuentran este amor a su alrededor, muchos se refugian en vicios para lidiar con el dolor y la insatisfacción que viven. Ese comportamiento no solo daña su salud, sino que también les aleja de lo que realmente importa.
Es un llamado a la acción para los familiares y miembros de la comunidad de fe. Es fundamental que quienes asisten a la Iglesia demuestren lo que realmente creen. Deben manifestar amor y cariño a aquellos que están sufriendo, en lugar de ofrecer solo juicios y advertencias sobre el infierno. La comunidad debe ser un espacio donde el amor de Dios inunde los corazones, donde no se escuche: «¡Ya cumplí! ¿Por qué usted no fue?», sino donde se ofrezca un sincero apoyo y comprensión.
Los vicios son un reflejo de vacíos emocionales y espirituales. La clave para la sanación radica en construir un ambiente de apoyo y amor en el hogar y en la comunidad. Debemos esforzarnos por ser la voz que escucha y el refugio que ofrece esperanza, ayudando así a quienes sufren, a encontrar un camino hacia la libertad y la vida plena que Dios desea para todos. La lucha contra las adicciones inicia con la empatía y el amor.
Para compartir:
1.- ¿Cómo podemos reconocer el sufrimiento de las personas que caen en vicios como el cigarrillo o el alcohol?
2.- ¿Qué señales podrían indicar que alguien está buscando consuelo en esos hábitos?
3.- El texto habla sobre el valor de cada individuo. ¿Cómo podemos ayudar a las personas a reconocer su dignidad y valor intrínseco, especialmente a aquellas atrapadas en vicios o comportamientos autodestructivos?
Elaborada por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
Todo el contenido de la publicación fue tomado de la ‘Guía de Auxilio Espiritual’ (2024) elaborada por el mismo autor de esta publicación.