Apologética en la Liturgia de la Palabra
Sábado, XXX Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo B.
Lecturas del día: Rm 11, 1-2a. 11-12. 25-29; Sal 93,12-13a.14-15.17-18; Lc 14, 1. 7-11.
Comentario:
¡Vaya tema el que nos trae san Pablo hoy en la primera lectura!
¡Católico, no te frustres porque muchos se van de la Iglesia!
Al católico le sirve para que no se desespere ante el incremento de las sectas, la deserción entre los católicos, la dureza y el cierre de los judíos actuales a aceptar a Cristo como su Salvador, y la rápida expansión del islamismo silenciando pueblos históricamente cristianos.
Esta lectura de san Pablo a los Romanos nos está confirmando en la esperanza: Dios tiene el control y el destino. Nosotros los humanos nos perdemos fácilmente en el inmediatismo y nos angustiamos creyendo que el mensaje de Cristo va perdiendo terreno en el mundo o que va a desaparecer, y se nos olvida o perdemos la fe en la gran promesa de Cristo al fundar su Iglesia: “Las puertas del infierno no podrán contra ella” (Mt 16, 18) y, también, «Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo“ (Mt 28, 20).
Cristo no desechará la Iglesia que fundó
En la lectura de hoy, el Espíritu Santo, nos está hablando de la pedagogía y paciencia de Dios para con el pueblo judío. Ni la apertura del corazón de Dios, que se encarnó y murió en la cruz para abrazar con la Salvación a todas las naciones significó, con la venida de Cristo, que desechara a su pueblo Israel; ni tampoco, la avalancha de católicos al protestantismo o de antiguos pueblos cristianos al islamismo o la agenda gay, significa que Dios no exista o que se haya desentendido de su Iglesia, o que esta haya perdido su razón de ser.
Los católicos podríamos sentirnos actualmente como Elías (1Re 19, 18), pues también hoy millares de católicos se entregan fácilmente a las apostasías de moda. Para estos y los tiempos que vienen, también Dios se reservará un pequeño resto que no se quebrará ante la seducción del paganismo y ante la amenaza, la intimidación y el ensañamiento de múltiples adversarios, de afuera y de adentro, intentan destruir la Iglesia de Cristo.
Quedará solo un pequeño resto de católicos fieles
De los israelitas, san Pablo dijo: “¿Es que Dios ha rechazado a su pueblo?” (Rm 11, 1) Y responde: “¡Ni pensarlo!” (v. 1). Él mismo expone sus credenciales como buen judío que era, para dejar claro que Dios no da la espalda a su pueblo elegido (v. 2) Hizo memoria del pasado cuando Elías afligido y desesperanzado sentía que había quedado él solo siendo fiel a Dios, pues todos se habían entregado a los dioses paganos, y el Señor le dijo: “«Me he reservado siete mil hombres: los que no doblaron su rodilla ante Baal»” (1Re 19, 18).
Lo que dice en los versos 11 y 12 es profundamente revelador, si por un mal paso de los judíos llegó la salvación a los gentiles, también por un mal paso de muchos católicos, la Biblia, y muchos tesoros más de nuestra fe, hoy se encuentran en manos de hermanos que ahora son extraños, para causarnos celos y despertarnos de nuestras infidelidades; y, así como el endurecimiento parcial que vino a los judíos durará hasta que entre a Cristo la totalidad de los gentiles (v. 25), debemos mirarnos en la amplitud del tiempo de Dios, que en estos tiempos va permitiendo la dispersión del rebaño hacia la apostasía, mientras se reserva un resto fiel a la catolicidad originaria de la Iglesia de Cristo, para que, al final, por los caminos de la conversión a la Verdad, con el diálogo apologético y el abrazo del ecumenismo, los cristianos dispersos y divididos a causa de las sectas y las ideologías, moverán la conversión plena del pueblo Judío hacia Cristo.
¡Hacia allá vamos!
Ese día se cumplirá lo dicho por el profeta Zacarías:
“Y vendrán pueblos numerosos y naciones poderosas a visitar a Yahvé Sebaot en Jerusalén, y a aplacar a Yahvé. Así dice Yahvé Sebaot: Aquellos días, diez hombres de todas las lenguas de las naciones asirán por la orla del manto a un judío diciendo: «Queremos ir con vosotros, porque hemos oído decir que Dios está con vosotros.» (Zac 8, 22-23).
Y los judíos, y los gentiles dispersos por la apostasía, mirarán al pequeño resto de católicos que se habrá conservado fiel a Dios, en espíritu y verdad.
Para compartir:
1.- ¿Qué has aprendido de esta enseñanza de hoy?
2.- ¿Qué signos y testimonios dan los católicos que permanecen en ese pequeño resto fiel a Cristo en espíritu y verdad?
Elaborado por:
Héctor Pernía, mfc
