LEALTAD Vs ARMAS
¿Cómo pretendía Saúl vencer a David? Con las armas, para matarlo. ¿Y cómo venció David a Saúl? Con el perdón, para ser fiel. Perdonando a Saul; lo desarmó, lo venció.
David levantó la lanza de lejos y gritó a Saúl: «¡Aquí está la lanza del rey, venga por ella uno de sus servidores y que el Señor pague a cada uno según su justicia y fidelidad! Él te ha entregado hoy en mi poder, pero yo no he querido extender mi mano contra el ungido del Señor». (1Sam 26, 16. 22).
Esas palabras tocaron el corazón de Saúl, al ver cómo David lo reconocía como el ungido del Señor y por eso lo amó, lo respetó, le resguardó la vida. El amor de David venció el rencor de Saúl. Es lo que el Señor nos está enseñando, que Él en la cruz con el amor y el perdón, logró vencer el odio, logró vencer el mal, lo desarmó, porque el pecador se vio amado, porque se vio perdonado, como Saúl se vio amado y perdonado por David.
Ser esponjas Cargadas de Misericordia
Jesús, además, nos está enseñando que la misericordia, el amor de Dios para con nuestras infidelidades y ofensas, pecados y tropiezos, es inmensamente más grande que la compasión y misericordia que David tuvo para con el rey Saúl; que así como David le quebrantó el corazón a Saúl, le destruyó su odio, su empeño en matarlo; que también el Señor quebrante nuestro corazón rencoroso, quebrante nuestros sentimientos endurecidos de rabia ante tanto amor, ante tanta misericordia, tanta compasión que el Señor tiene para con nosotros pecadores; para que atraídos por su amor, su misericordia, nos acerquemos al Don de la Misericordia mediante el Sacramento de la Reconciliación, para que bañados por misericordia, seamos como una esponja totalmente llena que al exprimir riega misericordia a los demás.
¿Por qué nos cuesta tanto perdonar las ofensas y males que nos hacen?
Nos cuesta dar misericordia a los demás porque andamos en la vida como esponjas secas que no se han mojado de misericordia. Por eso nos cuesta tanto perdonar; porque no buscamos el perdón de Dios para llenarnos del don y de la fuerza sobrenatural del perdón. Por eso nos faltan fuerzas y razones para ser condescendientes en la compasión y misericordia para con los demás, porque en eso de misericordia y perdón andamos secos, literalmente secos como una esponja ya reseca y tostada, a la que no le cae agua desde hace tiempo.
Hay personas que tienen meses y muchos años sin recibir el perdón de Dios por sus pecados y son así, como esponjas secas.
Para compartir:
1.- ¿Qué emociones surgen al lidiar con un conflicto prolongado?
2.- ¿Cómo podemos incorporar la humildad y la escucha activa para resolver conflictos?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc