Ser como David, y no como Saúl
La historia bíblica de lo que ocurrió entre David y el rey Saúl, relatada en el primer libro de Samuel capítulo 26, desde 2 en adelante, es el mejor ejemplo para ilustrar lo que el Señor Jesucristo, hoy en el Evangelio de San Lucas, nos ha pedido en la persona de sus discípulos:
«A ustedes los que me escuchan, les digo, amen a sus enemigos, háganle bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los calumnian. Al que te pegue en una mejilla, presente de la otra.»
Pareciese que estuviese hablando de David y que nos estuviese pidiendo evitar actuar como el rey Saúl.
Veamos un poco lo que sucedió en aquella historia, la lección que nos deja acerca de los celos, las envidias y las consecuencias que estas emociones y actitudes pueden traer entre las personas. Saúl iba con una tropa de 3.000 hombres para matar a David. ¿Y por qué? Porque David luchaba por su ejército y su reino, vencía en todas las batallas. David le libraba el reino a Saúl de todos sus enemigos, pacificaba todo su entorno, todos los pueblos vecinos, las naciones vecinas. Es decir, le aseguraba el reino a Saúl mientras que Saúl lo perseguía a muerte.
¿Y por qué Saul perseguía a muerte a David?
Por los celos, por la envidia, el aferrarse a su poder, el no tolerar que hubiese otro en su reino con más popularidad que él. Porque al llegar David de las batallas, la gente lo aclamaba: «¡Saúl mató a mil, David a 10.000!»,» ¡Saúl mató a mil, David a 10.000!» Eso desató la ira, la envidia, la rabia, el odio de parte de Saúl a David; siendo que su mayor aliado era David, porque le protegía su reino, le quitaba a los enemigos de por medio. ¿Cómo lo sabemos? Por la fidelidad de David a Saúl, el amor incondicional, intachable hacia él.
El grave peligro de aferrarse al poder, el prestigio y la fama
Aferrarse al poder, a los bienes; el obsesionarse por ellos, por un cargo, por un título, hace que nos podamos llegar a convertir en los más crueles enemigos de las personas que más nos aman, que más nos ayudan, de las personas más fieles que tenemos a nuestro lado. Y sucede lo más ilógico, lo más paradójico, lo más incomprensible que se puede uno imaginar: que uno termine convirtiéndose en enemigo de la persona que más nos ama; que en lugar de ser agradecidos con ellos, nos convirtamos en sus traidores.
¿Cómo respondió David a la ira y envidia de Saul?
Teniendo David como cobrarse la traición, pues encontró en una cueva a Saúl dormido profundamente, a todos los soldados también y con la lanza justo al lado del lugar donde dormía y Abisay el jefe de sus soldados a su lado, ahí acusándolo e incitándolo a que le dejara agarrar la lanza y de un solo golpe acabar con Saúl, a lo que David le dijo «No , no atentarás contra el ungido de Dios».
David lo perdonó por el amor que le tenía a Saúl y por el respeto sagrado que le tenía a los ungidos de Dios. Qué lección tan extraordinaria nos está dando el Señor a través de David.
¿Qué nos está diciendo el Señor?
Que David es el ejemplo más extraordinario a seguir de ese mandato que nos da en el Evangelio: «Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los bendicen, oren por lo que los calumnian.»
Preguntas de Reflexión:
1.- ¿Qué puede suceder en las personas cuando se aferran o se sienten dueñas de sus cargos, roles, talentos y bienes?
2.- ¿Qué importancia tiene, en medio de un conflicto, permanecer fieles a los valores recibidos, así como David se aferró al valor de la lealtad al rey y el respeto sagrado a los ungidos de Dios?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc