Apologética en la Liturgia de la Palabra
Lunes, XII Semana del Tiempo Ordinario
Lecturas del día: 1Cor 2, 1–5; Sal 118, 97–102; Lc 4, 16–30.
Comentario:
La Palabra de hoy, exige coherencia con el compromiso bautismal. Por tanto, dejemos de preocuparnos tanto por lo temporal y pensemos más por la vida eterna. El hombre vive más su presente y, se angustia más ante la incertidumbre del mañana. En el Evangelio según san Mateo revela:
«No anden pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer? ¿Qué vamos a beber? ¿Con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal» (Mt 6,31-34).
La Biblia enseña cómo cumplir con el Programa de Salvación que Jesucristo hizo realidad. La Salvación es un tema complejo, sobre todo, entre el protestantismo y los católicos. Por ello, los hermanos esperados y los fundamentalistas aseguran tener absoluta seguridad de que todos irán al cielo inmediatamente después de la muerte. Todo lo que tienen que hacer es «aceptar a Cristo como su salvador personal». Es más, puede que el Espíritu Santo los castigue en esta vida por sus pecados, pero de ningún modo pueden descartar su salvación, porque ésta no depende del valor intrínseco de sus almas o de los efectos de los pecados que se cometan. Por otro lado, la Iglesia Católica enseña que la salvación depende del estado del alma de la persona al momento de su muerte (Cf. Mt 25, 31-46). Así, el que muera en el estado de amistad con Dios (o estado de gracia) irá al cielo; Pero el que muera en estado de enemistad o de rebelión en contra de Dios irá al infierno (Cf. Jn 5,16-17). Lo cierto es que Cristo nos redimió y nos abrió las puertas del cielo. Sin embargo, “redención” no es lo mismo que “salvación”, pero es un preludio necesario e importante. Jesús cumplió su misión en la Economía de la Salvación (Catecismo de la Iglesia Católica, 1041). Él nos capacitó para que cada quien desde su libertad haga su parte y se salve (Flp 1,6; 2,13; Hb 13,20-21), estando en el estado de gracia en el momento de su muerte corporal.
Todo cristiano busca salvarse al superar lo temporal, construyendo un mundo más fraterno y solidario en su entorno, perseverando en su fe y manteniéndose en estado de gracia, haciendo de su presente un paso más, y mejor, que el pasado. La doctrina de la salvación niega la justificación sólo por la fe y requiere de obras a través del sistema sacramental eclesial, de manera que la persona sea justificada delante de Dios, más obras que palabras en medio de su comunidad.
Para reflexionar:
1. En tu examen de conciencia al final del día, ¿te sientes feliz? ¿Te sientes digno y libre al cumplir el Programa de Jesús? ¿Estás preparado para morir santamente?
2. ¿Cuál es tu “grano de arena” que aportas diariamente en la construcción de un mundo mejor?
Elaborado por:
D. Dr. Ludwig Schmidt H.

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