
Está escrito en la Biblia:
“Nadie se apropia esta dignidad, sino que debe ser llamado por Dios, como lo fue Aarón. Y tampoco Cristo se atribuyó la dignidad de sumo sacerdote, sino que se la otorgó aquel que dice: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy” (Hb 5, 4-5).
Jesús mismo declaró: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Jn 15, 16). Si el ser solamente sus discípulos, no se basa en una elección de ellos hacia Él; ¡cuánto más exigente y necesaria será esta condición para ser uno de sus ministros, considerando la gravedad, importancia y compromiso que implica tal responsabilidad!
Sobre esto, el padre Luis Toro, yendo a los Hechos de los Apóstoles, explica:
“…Alguien quiere apoderarse de ese don, sin ser llamado ni elegido y no le es permitido, más bien es rechazado: “Al ver Simón que MEDIANTE LA IMPOSICIÓN DE LAS MANOS DE LOS APÓSTOLES se daba el Espíritu, les ofreció dinero diciendo: Dadme a mí también ese poder para que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo imponga las manos. Pedro le contestó: vaya tu dinero a la perdición y tú con él; pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero” (Hch 8, 18) A tu pastor, ¿quién le impuso las manos? ¿Se apoderó de ese poder o lo compró, cuéntame? Tienes el derecho y el deber de saber y hacer saber a tus hermanos si el pastor que conoces es legítimo o un usurpador o estafador.
San Pablo, con el tiempo, nos hace ver, que Timoteo, que no era Apóstol, no se agarra a la fuerza ese poder, sino que lo recibe de manos de los Apóstoles y presbíteros: “No descuides el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos del colegio de presbíteros” (1Tm 4, 14). Cuando Timoteo está decaído, Pablo le escribe: “por eso te invito a que reavives el don de Dios que recibiste por la imposición de mis manos” (2Tm 1, 6).
Timoteo ha recibido el poder que Cristo le dejó a su Iglesia a través de la imposición de las manos, y a su vez, puede transmitirlo a otros, para que la Iglesia de Cristo nunca se acabe, por eso, Pablo le escribe: “No te precipites en imponer a nadie las manos, no te hagas partícipe de los pecados ajenos” (1Tm 5,22) A Tito le dice: “Te dejé en Creta para que solucionaras los problemas existentes y pusieras presbíteros en todas las ciudades, de acuerdo con mis instrucciones” (Tit 1, 5) En Hch 14, 23 dice: “Designaron presbíteros en cada Iglesia y después de hacer oración con ayunos…” Según el nuevo testamento, los verdaderos y auténticos pastores de la Iglesia, no se elegían solos y se auto nombraban pastores, debían ser enviados a través de la imposición de manos de los presbíteros, ¿lo ves claro?
Para compartir:
1.- ¿Qué actitudes y precaución debe tener toda persona que quiera unirse con personas que le hablen y le lleven a Cristo?
2.- ¿Qué importancia tiene el testimonio de obediencia y sacrificio por la unidad de los cristianos en toda persona que se presente como ministro o pastor de Cristo?
Fuente:
El texto citado del padre Luis Toro es tomado de una de sus primeras publicaciones en pequeñas hojas sueltas que distribuía entre los fieles al inicio de su ministerio apologético en Venezuela.