Apologética en la Liturgia de la Palabra
XIX Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B. Año impar.
Lecturas del día: 1Re 19, 4–8; Sal 33, 2–9; Ef 4, 30—5, 2; Jn 6, 41–51.
Comentario:
Los judíos murmuraban de Cristo porque declaró «Yo soy el pan que ha bajado del cielo» (Jn 6, 41). Y decían contra Él: «¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?» (Jn 6, 42).
De idéntico modo se murmura contra Cristo en estos tiempos. En los miembros de las sectas, en los que dicen ser ateos, o en muchos que dicen ser católicos pero viven entregados a la mundanidad, se observa la miopía de la interpretación al pie de la letra de la palabra «hermanos de Jesús» para calumniar a la madre Cristo acusándola de parir un montón de hijos que nunca tuvo. También murmuran contra el Pan Eucarístico, contra los demás Sacramentos, o ante cualquiera de los Misterios de fe que viven los hijos de la única Iglesia que Cristo fundó. Ya Cristo lo advirtió: «Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?» (Lc 23, 31).
Jesús, para ayudarles a sanar de su incredulidad y a darse cuenta que estaban ante Dios en persona, les recordó lo que de Él dijo el profeta: «Serán todos enseñados por Dios» (Jn 6, 4). Vaya buena la cuña para los Testigos de Jehová que dicen no encontrar en la Biblia ninguna evidencia de que Cristo es Dios.
En la persona de estos judíos, Jesús le está diciendo a toda Israel que debían comerlo y triturarlo. Cristo les convoca a girar sus vidas: de Moisés a Él, de la Ley a la Fe en Él, de la antigua Ley y preceptos, a sus Mandatos y enseñanzas; de comer machos cabríos, a comerlo a Él. Les dijo: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre» (Jn 6, 51).
Él se compara a un pan para ayudarles a entender que el mana caído del cielo del que comieron los antiguos israelitas durante el desierto durante cuarenta años, y aquel pan que el ángel del Señor le dio de comer a Elías para que pudiera caminar durante cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb (cf. 1R 19, 4-8), eran figura y anuncio del Pan que vendría del cielo en la plenitud de los tiempos para que también lo comieran.
Producto de su malintencionada actitud de acercarse a Cristo, los judíos no entendían aquel lenguaje. Sin embargo, con paciencia, Él les habla de su inminente Sacrificio incruento en la Última Cena, y de su sacrificio cruento en la Cruz, donde un mismo Pan: su Cuerpo y su Sangre, se nos iba a dar en comida y bebida para alcanzarnos el perdón de los pecados y la Redención. Eso les enseñaba cuando les dijo: «el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo» (Jn 6, 51).
Cristo nos sigue llamando a comer el Pan que Él en persona nos entrega en la Última Cena y en la Cruz; el Pan de su Cuerpo y de su Sangre: la EUCARISTÍA.
Para compartir:
1.- ¿Sientes, con frecuencia, dificultad para entender el lenguaje con el que se nos revela el Misterio de la Divinidad de Cristo y de su Presencia Real en la Eucaristía?
2.- ¿Qué es para ti la Eucaristía? ¿Qué enseña la Fe de la Iglesia sobre este Misterio?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
