Mesa del Tigre es una comunidad campesina ubicada en las montañas, a hora y media (caminando) de la Parroquia Santa Ana del Táchira, Venezuela. Desde hace dos años una señora llamada María, que es líder de aquella comunidad, comenzó a recibir la visita de un grupo de protestantes de la denominación de los Trinitarios, y en su propia casa comenzó a funcionar su centro de reuniones semanales. Al frente de la casa estaba colocada una pancarta que decía CASA DE ENSEÑANZA BÍBLICA.
El cambio hacia los protestantes de la señora trajo mucha división en la comunidad. Los niños y varias personas adultas estaban semanalmente asistiendo a las reuniones de los protestantes que las visitaban atraídos porque les llevaba regalos. Incluso los niños de la catequesis estaban asistiendo a sus reuniones del que llamaban pastor, cuyo nombre es Marcos.
El viernes de Concilio atendí en el Sacramento de la Confesión a la catequista de aquellos niños, que se llama Yudith, y supe de la situación por la que atravesaba su comunidad. Se sentía muy afligida porque su propia mamá se había entregado a los protestantes y le estaban quitando incluso a sus niños de catequesis para la Comunión. También se sentía muy perturbada, ya que las cosas que le decían contra la Virgen María, las imágenes, el bautismo de niños y otros temas de la fe la tenían ya confundida y no sabía cómo responder a las cosas que le decían. Sentí que debía ir a esa comunidad, y como aún no tenía asignada una comunidad para atender en Semana Santa, me ofrecí a mi hermano Domingo, el párroco, para ir a misionar.
La Misión comenzó el Miércoles Santo, con un taller de Biblia al que asistieron los niños que le estaban asistiendo a los protestantes. Para el Jueves Santo le enviamos un mensaje a la señora que entregó su casa a los protestantes para ver si aceptaba que se hiciera la misa de Jueves Santo en su casa e invitar para allá a toda la comunidad. Era un intento de acercamiento a ver cómo reaccionaba a la propuesta.
Para el jueves santo estaba programada la continuación del taller bíblico ya con toda la comunidad desde la mañana, pero en otra casa de la comunidad, y ya cuando algunas personas estaban llegando, nos llegaron con el aviso de que la señora que recibía a los protestantes había ofrecido su casa para que hiciéramos el taller bíblico allá y la misa también, y que también nos iba a organizar un almuerzo. Todos nos quedamos sorprendidos. Menos mal que me habían quedado unas veinticinco Guías Bíblicas de las que traje de Ecuador, y a todos les pude regalar una, también a la señora María.
Allá nos fuimos, nos acogió muy gentilmente, aunque poco se dejaba ver. Durante todo el día escuchaba el taller, pero sin dejarse ver por la comunidad que estaba en su casa. A un vecino lo invitaron a asistir y no quiso porque imaginaba que eran los protestantes que estaban allí, lo convencieron y al llegar se encontró que éramos nosotros los católicos que estábamos allí. La señora María también nos organizó y nos dio el almuerzo.
Para el día viernes santo, al mediodía, visité de nuevo la casa, la señora María me mandó a decir con su hija Yudith, la catequista que quería hablar conmigo a solas. Luego de recibir el almuerzo que me ofreció, nos sentamos a conversar un buen rato, y allí pude entrar más en confianza con ella. Los protestantes aun no la habían podido sacar por completo de la Iglesia. Ella llevaba en su cuello el Santo Rosario y en su habitación una imagen de la Virgen del Carmen. Por ese motivo ya estaba teniendo desaveniencias con los protestantes. Luego, a las tres de la tarde, en la capilla de la comunidad, durante la celebración del Viernes Santo, se presentó la señora María y participó. Durante el rito del beso a Cristo en la cruz ella pasó de último, y al besar la cruz no tuvo fuerzas para despegar sus labios de la cruz; allí reventó a llorar. No lograba levantarse. Tuve que ayudarla, y como estaba llorando mucho, la lleve a mi pecho para consolarla diciéndole varias… “Dios es misericordia, es muy bueno”. Luego le pedí la bendición, y con la señal de la cruz me la hizo. Me dio un abrazo y, antes de terminar la celebración, dirigió unas palabras a la comunidad donde reconoció que se había desviado, anunció que volvía y dijo que sentía en su corazón mucho amor.
Gracias a Dios todo salió bien, y que justo se pudo hacer la Misión antes que la señora María se bautizara con los protestantes, ya que eso estaba programado a hacerse en los próximos días.
¡Todo para Cristo!
Su servidor, padre Héctor Pernía, mfc.
31/03/2018.
Algunas de las imágenes de la misión en Mesa del Tigre.
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